11. El retorn de les persones represaliades

 

Sembla que el nou caire que prengué la guerra europea a partir de l’ofensiva aliada, amb la invasió del Nord d’Àfrica el juliol-agost de 1942 i la capitulació del mariscal Von Paulus a Stalingrad el 31 de gener de 1943, influí en la política repressiva de l’estat franquista i repercutí en el món penal.
A partir de final de 1942 en endavant apareixen una sèrie de lleis que tenen com a característica comuna la de presentar les persones detingudes a les presons espanyoles per fets de guerra, com involucrades en fets de sang. Seria erroni de creure que aquest és un procés lineal car presenta unes alternances que tenen molt a veure amb l’evolució del context polític internacional, encara que aquest no l’explica totalment.

La llei del 16 d’octubre de 1942 concedia llibertat condicional a totes les persones empresonades per delictes de rebel·lió militar amb condemna de 12 anys i un dia, fins 14 anys i 8 mesos; i la llei del 13 de maig de 1943, a les persones que tenien penes de 14 anys, 8 mesos i un dia, fins a 20 anys. El mateix any 1943, per decret del 12 de desembre, es concedeix la llibertat condicional a les persones amb penes de 20 anys i un dia, fins a 30 anys, sempre que haguessin complert cinc anys de condemna (aquest decret fou ampliat per un altre del 26 d’octubre de 1945 que incoava els expedients de llibertat condicional sense cap limitació).

Qui hagués complert normalment les tres quartes parts de la pena tenia possibilitat d’accedir a la llibertat condicional, però li calia viure sotmès a un control continu. Vigilància que s’exercia en cada província per la Delegación Provincial de Libertad Vigilada, que depenia del Ministerio de Justicia. Sovint la persona que s’acollia a la llibertat condicional sofria extranyament de la població, cosa que podia significar haver de viure a més de 250 quilòmetres de la seva residència habitual.

L’Antonia surt de la presó (finals de 1943)

L’Antonia 1, la condemna de la qual havia estat rebaixada a 12 anys i un dia, va aconseguir la llibertat el 20 de desembre del 43. L’hi concediren la llibertat acollint-se a la llei d’octubre de 1942, i, segons el que solia passar, esperava amb angoixa saber a quin lloc la desterrarien.

“Yo el expediente lo tenía comunista ¡ya verás! Ya ves que cuando me dieron la libertad, cuando vinieron los telegramas para la libertad, nos dice, la secretaria del director de la cárcel, que era también del Partido Comunista, era de Almería. ¿Tú no has sentido nombrar al Capitán Menéndez, en la guerra? Era de los más mayores. Era la mujer del Capitán Menéndez. Y… Ella estaba en las oficinas, era una chica, una mujer muy culta, Josefita Palma, se llamaba. Era también muy joven.
Y dice: -Estamos pendientes de que llegue… ya había salido el decreto de los 10 años y un día. Y yo era de las de 10 a 12 años y un día.
Y dice: – ¡Antonia ya están vistos los telegramas en el despacho!
Dijimos, – ¿sí?
Digo, – ¿a ver a ver? Porque muchas temían que las desterraran.
Y digo: – ¡ay! ¿Dónde nos desterraran a nosotras? Dice: -veremos a ver.
¡Cuándo nos sale con una alegría! -Ya se ha ido el director. Don Manuel, que se llamaba. Y dice: -vais a ver el expediente ahora.
Y luego ¡no se me olvidará no! Pero yo no sé cómo pueden hacer estas cosas tan ¡tan contrarias! Decía el expediente: -aunque marxista peligrosísima con anterioridad al Movimiento, pero es digna de disfrutar la libertad propuesta por el Caudillo y residir en su pueblo.
Conque ya no se pueden contradecir una cosa con la otra ¡aunque marxista peligrosísima! ¡Y con anterioridad…!”

 

Quan va recobrar la llibertat en l’Antonia coexistien dos sentiments diferents i aparentment contradictoris. Per una banda, una immensa felicitat, ganes de fruir de la llibertat, per l’altra, una sensació difícil de definir, una barreja de por i de mandra de retrobar alguna gent de Pedro Martínez, aquella que havia facilitat el seu empresonament i la separació dels que estimava. Però el temps, que diuen que tot ho arregla, apaivagà els rancors. Els odis es reblaniren, de manera que algunes persones s’alegraren del retorn de l’Antonia.

“Pues cuando llegué al pueblo después de la prisión, pues que yo aquello lo encontraba ¿cómo te diría yo? Muy raro. Y de yo tener ahora de empezar a vivir con aquella gente que tanto había odiado, y que tanto mal me habían hecho. Pues yo me pensaba que sería aquello, para mí una cosa que ¡qué más a gusto me lo pasaba en la cárcel, que vivir yo entre aquella gente, que tanto daño nos hicieron! Pero, en fin, llevé un desengaño en el sentido contrario. ¡Se pobló todo el pueblo en venirme a verme! Aún estábamos acostados y una tal, que se llamaba Angustias, la de Serafín, ¡toca la ventana, de madrugá, bueno, muy temprano!
-Eustaquia, Eustaquia ¿es verdad que vino tu Antonia anoche?”.
¡Y era gente de derechas!
– ¡Sí!
Dice: – ¡Ay pues levantarsu que la veamos!
¡Tú sabes las ganas de vernos todo el mundo! ¡Madre mía! Los de Ulailas Altas, los del Niño Alonso, pues toda esa gente vino a verme a mi casa. Mira, tuve la casa al menos 15 o 20 días que no se desocupaba. Pero gente, ya te digo de uno y de otro lado, ¡más de los míos desde luego!, pero que de la gente de derechas también, también vinieron”.

Des de l’inici de la guerra la societat és va polaritzar en dues parts molt definides, situació aguditzada a l’inici amb la violència revolucionària i al final amb la repressió franquista. L’Antonia va perdre la llibertat i va romandre tancada amb aquesta idea de societat ideològicament i objectivament dividida. Quatre anys més tard, a pesar que la divisió subsistia, la mateixa misèria i el terror que hagué d’aguantar la classe treballadora possibilità que certa gent de dretes, sobretot en una comunitat tan petita on tots es coneixen i fins i tot molts tenen lligams familiars, sentissin la profunda injustícia que s’estava produint, i s’arriba a una mena de solidaritat.

Tanmateix la rebuda que tingueren l’Antonia i les seves amigues no pot enganyar-nos, les coses havien de canviar molt a pleret, la gent covarda i l’ambient enrarit seguia encara existint. I la mateixa Antonia va poder comprovar-ho quan, al cap d’un temps, la van denunciar de propagandista comunista, simplement perquè tenia el costum de llegir els diaris a alguns veïns i amics, o perquè els explicava anècdotes de la presó.

“Pues ¡claro! Venía el que fue después mi suegro Gaspar, unos primos hermanos míos, venían siempre a que les contara cosas de la cárcel y, en fin, y luego venían a que les leyera el periódico.
Una vez vino una editorial sobre Franco. Se le pidió la devolución del peñón de Gibraltar y venía un relato grande y venían cosas que siempre hablaba del Partido Comunista ¡Y claro!
Una mujer que le decían la Pastora, su marido era primo hermano del que fue más tarde mi marido. ¡Y claro! Yo leía el periódico y ella sentía que nombraba a los comunistas y ella se pensaba que las explicaciones que yo daba que era algo ¿cómo te diría yo? ¡Algo clandestino! ¿Sabes? Pero me formuló. ¡Que me denunciaron! Que decían que yo tenía reuniones en mi casa.
Y ya, aquella misma tarde me llama la guardia civil, al cuartel de la guardia civil.
Y dice: – ¿Usted es Antonia Valle?
Digo: -Sí señor.
Dice: -Pase allí arriba donde la oficina, donde estaba el sargento.
Y digo yo: – ¿para qué he sido yo llamada aquí?
Y dice: – Para, ¡qué vas a ir otra vez a la cárcel!
Digo: – ¡Pues mire desconozco los motivos!
– ¿Qué desconoces los motivos? ¿Tú eres la que da lecciones de comunismo y tú eres la que tiene tus reuniones y tal con la gente y tal?
Digo: – Pues mire usted, yo se lo digo y se lo repito que eso es incierto. Y si no, esa persona que haya venío a denunciarme, que haya dicho eso, me la pone usted delante de mí, a ver ¿a ver en qué reuniones? ¿Y a ver que hablo yo de comunismo? Digo: -Yo lo único que le digo a usted, yo no he negado ante un tribunal que he pertenecido a un partido comunista ¿sabe usted?
Digo: -Pero ya debería usted comprender que si ya hace cuatro días que he salido de la cárcel ¿cómo hoy me voy a complicar más mi vida para yo meterme otra vez a donde ¡a donde he salido! ¡Esto si yo lo siento o no lo siento! ¡Esto queda para mí!
Digo: -Mire usted, yo leo lo que dice la prensa, ahora si es que porque yo soy comunista yo no puedo leer un periódico, que lo ha tirado la prensa a la calle.
¿Pues sabes lo que hizo aquel hombre? Cogió el papel y lo rajó.
Dice: -Lo único que le digo: que, si usted siente algo que se lo quede, ¡porque hoy las paredes escuchan! Dice: -Y sí algún día puede usted, tome mi consejo, ¡y si algún día puede salirse de este pueblo! ¡Sálgase! Dice: -Y cuando vaya por lo alto de la ermita, hizo así con su alpargata, dice: -Y hasta la tierra que le quede a dentro ¡expúlsela!
¡Fíjate tú, que persona! Y ya se ve, cómo rompió la denuncia ya quedó ¡cómo mentira! ¡Aquello ya quedó como mentira, pero yo ya había pensado, otra vez me voy a la cárcel!”

En Manolo torna de fer el servei militar (1943). La vida d’un pastor

En Manolo 2 quan va tornar del llarg periple bèl·lic, va arribar a Pedro Martínez i va comprovar que el món s’havia ensorrat. Era un malson. Tanmateix, la vida seguia i com que no podia ni somniar en formar una llar pròpia, ell i la seva companya van anar a viure a casa dels seus pares. Arribaren els primers fills, però la situació econòmica no canviava així que l’estada a casa els avis es va prolongar.

“Cuando vine de la mili, pues ¡aquello era el trastorno más grande del mundo! Casado ya, con dos hijos y sin tener a donde trabajar y sin tener a donde aplegarme. Luego estuve muchísimo tiempo con mis padres ¡Hasta 17 años! Mi familia y mi mujer y mis hijos con mis padres.
Y aquello era un descalabro, porque a lo mejor te avisaban hoy para que fueras a trabajar a ganar una miseria de 10 a 11 pesetas. Y a lo mejor cuando llegabas allí se juntaba mucha gente y decían: -Bueno fuera todos.
Y pa llevarse la comida para ir a trabajar a lo mejor había tenido tu familia de pedir fia. Y a luego pos, como venías y no podías, no habías ganado na, pues el fracaso completo. Y esa ha sido la vida un pilón de años”.

Poca feina i mal pagada pels perdedors de la guerra, amb el cos de la guàrdia civil que no solament servia eficaçment per vigilar que es respectessin les propietats, sinó que exercia una intensa activitat repressiva que servia per crear el clima de terror necessari perquè la gent, fins i tot aquella més conscient, valenta i compromesa, deixés de qüestionar-se la situació política, econòmica i social.

“Y si ibas a trabajar tenías el tiempo de echar seis horas de trabajo y echabas pues lo que a ellos les daba la gana. Y por ejemplo reclamabas, cómo a mí me pasó muchas veces, que yo me ha gustado reclamar mucho con la razón. Pos te echaban al cuartel de la guardia civil y allí te limaban a palos.
En una ocasión, por estas mismas cosas, pos me llamaron al cuartel de la guardia civil a las diez de la noche y me soltaron a las dos de la mañana ¡Hinchadito de palos! Completamente hinchao. Si no hubiera sido porque mi mujer y mi madre fueron en busca del secretario del Ayuntamiento, y éste, les dio una esquela, y entonces me dejaron en libertad y me entregaron.
Y así ha sido toda la vida en tiempo que he estao allí. Y no sólo la mía, sino de toda la gente que habido allí. Hasta que nos vinimos aquí a Barcelona.
Así ha sido toda la vida. Tener de trabajar de día y de noche. De día tener de ir escardando y luego la noche si tenías una miaja de bestias tenías que pillar e irte a por una carga de leña de noche. Y si no tenías bestias tenías de echártela a cuestas.
Aquí, en Sabadell, he pasado por la pantalla una pila de veces y tengo las costillas y toas las tengo como un papel de fumar, gastás completamente y la columna completamente estropea. Esa es toda la vida que hemos hecho”.

Quan es tenia la sort de treballar, la feina era en qualsevol ofici. És important retenir aquest fet, perquè serà un dels factors que més endavant els permetrà llançar-se a l’aventura de cercar feina i treballar en l’ofici que sigui. Així ho veu en Manolo.

“En los pueblos, cucha, en los pueblos hemos trabajado de to. Hemos cortado esparto, luego cuando arrancabas el esparto tenías de echarte a cuesta e ir a una romana a pesarlo. Y a lo mejor, pues si pesaba por ejemplo dos arrobas, la romana se comía cerca de una arroba, y estabas todo el día trabajando pa na. Porque luego te pagaban el esparto a na.
Y cuando uno no estaba en el esparto, pues estaba, por ejemplo, en un cortijo. Pues tenías de estar trabajando de día y de noche, de día labrando y de noche tenías de estar cuidando las bestias. Y tenías de estar todo el día trabajando, y de noche por ejemplo si llegaba un día de viento que era muy corriente allí, todos los días, pues si se aventaba un poco las 300 o 400 fanegas de verano, tenías de estar subiendo al granero hasta que se terminaba. A lo mejor eran las tres de la mañana y estabas todavía encerrando grano. Y rompiendo el día, pues tenías de pillar un carro o la era o lo que fuera, a trabajar. Que esta ha sido la vida de los pueblos.
Y si te encartaba, porque allí tenía uno de saber todos los oficios, si veías que te salían. Como yo que he sido una persona que he estado con ganado mucho tiempo, pues durante el invierno te ibas a Sierra Morena a ligar con los lobos. Te quedabas seis meses sin ir a tu casa. Y lo que veías, porque no tenías, más amparo que eran las estrellas.
Y si estaba bien en estas fechas estabas harto de comer, ¡pero ganando un duro cada 24 horas para tu familia! Mi familia podía tirar porque yo trabajaba con el secretario y les daba de todo, harina, los garbanzos y todo se lo daban pa vivir ¡Qué vivir!, o sea, trabajabas na más que para la comida ¡Y contento porque tenías los niños, les tenías de dar de comer!
Porque un duro en aquellas fechas era como si hoy vas con 20 duros y te tienes de apañar con 20 duros. Pues a reventar porque estaba la mujer y los críos y no tenían na más que la ropilla que traían puesta. Y si le hacían un agujero, pues tenían que pegar un remiendo, lavarle la ropilla, secársela para cuando se levantaran por la mañana, al otro día los críos pudieran, porque no había más ropa en casa que era esa.
Y si se terciaba, si yo no estaba haciendo esto que te estoy diciendo del grano, pues estaba en el jornal y tenía que estar pues todo el invierno sacando de una tienda. Luego si estabas los dos meses de verano ganabas los 50 o 60 duros, los dos meses de verano, pues ya te habías comido todo el dinero. Era coger lo de la temporada de verano y decir toma y seguir otra vez pidiendo de fiao hasta otro año”.

A Pedro Martínez, com certes zones d’Andalusia, coincidia un minifundisme amb grans latifundis. Algunes famílies tenien petites parcel·les, que per una banda, ajudaven a fixar les famílies a la terra i, per altra, afavoria que els sous en els latifundis foren més baixos.
A l’Andalusia mediterrània aquesta dicotomia entre petites parcel·les i latifundis va ser la base de l’important paper de la ramaderia en general, inclosa una certa transhumància de bestiar de llana de Sierra Nevada i de l’Alta Alpujarra a les terres de secà.

En Manolo, entre les moltes feines, va fer de pastor la Serra Morena ocupant-se de les ovelles i les cabres del secretari de l’Ajuntament de Pedro Martínez. Aquest individu emparant-se en el seu càrrec de l’Ajuntament, no sols va fer-se ric espoliant totes les bèsties del poble a canvi de blat, sinó que també es va apropiar de la finca dita de la Jurisdicción que pertanyia a l’Ajuntament.
La Jurisdicción és una hisenda situada a la cara sud del cerro Mencal. Té 341 hectàrees. Pertany a l’Ajuntament des de sempre, com un ‘bien patrimonial de propios’, però no es va enregistrar al registre de la propietat de Guadix fins el 1962.
El caràcter encara comunal de la finca havia permès que la gent del poble que tenia algunes bèsties les portessin allà a pasturar.

 

 

“En Sierra Morena, pues iba en el término de Linares, en el término de La Carolina, toda la parte esta desde Jaén desde la Virgen de las Cabezas. Pues allí habías de estar de día guardando el ganado pa que comieran. Y de noche tenías que estar, pues al orden y encendiendo tres o cuatro lumbres alrededor del ganao porque si no los lobos te quitaban al ganao durante la noche. Y eso ha sido la vida.
El ganado era del secretario del ayuntamiento que era el amo del pueblo. El oficial que tenía todo el ganao del pueblo. Pues tenía todo lo que le daba la gana, porque era el dueño. El alcalde, el gobernador, el todo, era del secretario.
Se hizo del ganao porque cuando se acabó la guerra, pues él tenía una fábrica de harina, y por una fanega de harina le tenían de dar una bestia. Y todo el ganao que había en Pedro Martínez se hizo de él, el tío. Y con el cuento que era el secretario pues podía pactar como le daba la gana. Y aquella finca que hay del ayuntamiento del pueblo, pues era de él. Toda la gente que estaba comiendo de estas cuatro cuadrillas de ganao, pues las hizo fuera de allí y él se hizo dueño de to. Cogió la tierra y la finca de la Jurisdicción que era del Ayuntamiento y se hizo con to el ganado”.

En Manolo havia començat a fer de pastor de petit quan treballava per la finca de La Caldera. El secretari de l’Ajuntament el coneixia, de manera que quan en Manolo va tornar del servei militar va anar a buscar-lo perquè li portes les seves ovelles. Els tractes els va fer amb el seu pare.
El testimoni oral d’en Manolo, demostra com les fonts orals permeten conèixer la fisonomia, no solament dels que van passar misèria i fam, i per tant la història ‘dels sense història’, sinó, també, conèixer els que van fer fortuna a costa d’aquella misèria i aquella fam, emparats amb càrrecs oficials, en aquest cas de l’administració local.
Aquestes actituds i aquests comportaments ajuden a entendre el franquisme i el consens social que va tenir per part de certs sectors de la societat.

“Y le dijo a mi padre: -Mira si quieres tener las bestias allí, que vaya tu hijo a cuidar mis ovejas. Y así estaba, en Sierra Morena, a ligar ¡con los lobos!
Tenía una chispilla de dinero, de mi padre, las cabras y una pila de marranos y luego los vendía, pero luego aquel se quedó con to el pueblo entero”.

En Sebastián torna del Servei Militar (1944). La vida d’un muler i un segador

Ja sabem que en Sebastián 3 al finalitzar la guerra va passar per la presó, pel camp de concentració, per un batalló de càstig i pel servei militar a l’exercit franquista durant tres anys. Quan el llicenciaren, definitivament, corria l’any 1944.

“Luego me casé. Cuando vine de la mili y si la historia de atrás es grande, esta también es grande, porque me casé. Por fin me casé, pero siguió la esclavitud conmigo. Me casé, me la tiré y a la mañana siguiente ¡a segar! Porque eso de trabajar por cinco o seis pesetas, de noche y de día, pues yo creo ¡que ya está bien!
Me daban la comida y estaba todo el día arando, estaba todo el día sembrando. Estaba todo el día arando de luz a luz, y eso lo hacía durante el invierno y cuando llegaba el verano, pues dejaba la yunta y me iba a segar por ganar un poquito más. Tenía que ganar cuatro semanadas, me estaba segando luego terminada la siega me agarraba a la era a ventar paja u otra cosa y esa ha sido mi vida ¿sabe?”

 

“Un día de siega, todo el día segando. Una vez que era de día, estabas preparado para segar apenas era de día al levantarse. La siega se cogía a destajo por cuenta de uno. Allí se hacía un monte y tenía 20 cuerdas o 30 cuerdas y se hacía un monte entre varios compañeros de trabajo. Y apenas se hacía de día estabas segando. Te levantabas y a segar. Dormíamos allí ¡claro! juntabas parvas, te echabas la manta y allí se hacía la cama. Cuando pintaba el día te levantabas y derecho a segar. Y a las nueve o las diez de la mañana, pues te comías unas migas de lo que te hacían. Las hacíamos nosotros, un compañero, pues hacía las migas y luego a las doce en el caldero ya traían la harina o el pan y el agua. Eso nos lo traía el picadero, que era uno de tantos de la cuadrilla de la siega. Un chaval joven de unos dieciocho años que era el que nos servía el agua, el pan, el aceite, los ajos, total que es el que nos servía. Nos lo traía del cortijo del dueño de la siega.
Cuando estaba ya oscureciendo que a duras penas no podías ver la siega, no podíamos ya cortar, pues entonces plegábamos. Y nos hacían una sopa con un cuscurrillo de pan y aceite. Una sopa y un ajo, nos lo comíamos por la noche. El puchero a las tres o a las cuatro de la tarde. Y al mediodía el gazpacho, sal y vinagre y agua. Y a la noche la sopa. Eran tres comidas. Ese era un día de siega. De vez en cuando el que iba de encargado, el manijero decía ¡tabaco! y nos parábamos todos y nos fumábamos un cigarrillo. Te lo fumabas y ¡vamos otra vez!

En cuadrilla a mejor íbamos 5,6,8 o 10, o 12. Allí él que se descuidaba un poco y no segaba no amarraba cuando el manijero, el encargado se puede decir. Que el encargado ya ves tú, iba trabajando a la par de todos. Como todos van a una igual, si partíamos a 500 pesetas suponiendo por temporada, al menos 25 o 30 días, de forma que, si uno era menos que otro, pues al año siguiente no te cogían. Tenías de buscarte la vida por otro lao. ¡Claro! Y al no buscarte la vida tenías de currelar así.

Yo he sido manijero, he sido manijero en varios sitios.
¡Si manijero allí no era na! ¡Era uno de tantos! Na más que era el que daba la cara al patrón. Pa tratar el terreno y pa segarlo a gusto del patrón.

Y cuando no,  de mulero. Un día del mulero, las 24 horas de un mulero, pues es de la forma esa que te voy a decir: Allí te ajustabas por años, a lo mejor 5,6, o 7 meses, y tenías de encargarte de collar los mulos. Lo primero de echarles pienso, a medianoche tenías de levantarte y echarles comida para que estuvieran hartos de comer para que el otro día araran. Y cuando era de día tenías de sacar a los mulos, ya preparabas la merienda, el agua y a arar. Y cuando llegaba las 10 de la mañana, te parabas por un cigarrillo. Cuando descansaban un poco los mulos y tú también otra vez, hasta las 12 que parabas pa dar de comer a los mulos. Te hacías tu gazpacho, con pan y agua y una chispa de tocino, muy poco porque el tocino es muy dañino (y ríe burlón), y no se echaba mucho. Y entonces, pues, cuando te lo comías, echabas tu pienso al mulo y cuando se comían los dos piensos enganchabas otra vez, a arar otra vez.

Por la tarde cuando llegaban las tres o las cuatro de la tarde, pues otro cigarrillo, enganchabas y hasta la noche. Hasta que ya estaba oscureciendo y ya parabas, ya no podías arar. Juntabas las yuntas y otra vez al cortijo. Llegabas al cortijo, metías allí a los mulos en la cuadra y entonces te ponían el puchero. Te comías tu puchero y a dormir a la cuadra con los animales, pa cuidarlos. Eso es un día de mulero. Desde que amanece hasta que anochece. Y por la noche por lo menos tres veces o un par te tenías de levantar para echarles pienso. Y al cuarto pienso ya te levantabas, y te hacías las migas para comerlas de día, para cuando se hiciese de día estar preparado para estar a la calle”.

 

 

En Joaquín surt del batalló de càstig (1945)

Quan en Joaquín 4 feia tres mesos que havia tornat de la guerra se’l van endur altra vegada i d’aquesta no va tornar a Pedro Martínez fins l’any 1945, quan ell en tenia 26. La situació per aquest noi era dramàtica,  ja que la seva família havia estat cruelment destruïda pel franquisme. Amb poc temps desapareixerien totes les bèsties que el seu pare havia pogut salvar de la finca on treballava quan arribaren els antics propietaris. I ben aviat començaren a conèixer la desesperació de la gana. Coincidint amb l’empobriment progressiu, va arribar la mort de la mare que va ser el cop de gràcia per acabar d’enfonsar el seu pare.

“Yo he contado mi vida en el batallón, pero no he dicho nada de mi familia. Que es lo que pasaron cuando terminó la guerra. ¡Nos quitaron todo lo que teníamos y lo que nos llevamos al pueblo, pronto lo barrieron! Cuando empezó la guerra mis abuelos ya estaban en el pueblo (los abuelos habían sido labradores en la Caldera cuando él era niño y estaba con ellos para ir a la escuela del cortijo). Pero yo estaba con mis padres. Mis abuelos estaban en casa de una tía mía, de la tía Florencia, a las parvas aquellas que estaban en las eras. Allí vivía mi abuela. Y claro, al llegar el hambre, pues que no te la quitabas de encima, el hambre y en cueros, descalzos. ¡Y como no ganabas pa comer! ¡Allí había más hambre! No comías na más que durante el verano, mientras les sacabas la cosecha a ellos. Una vez que acababa la cosecha y la metían dentro… ¡Si un pan valía, un pan valía dos duros! Lo que valía de estraperlo allí en el pueblo. El que tenía dinero pues podía comprarlo y él que no… Llevando trigo no tenía, no te faltaba nada, pero los que no teníamos nada, ni trigo ni dinero, y con el jornal teníamos que comprar el pan, pues ¿cómo ibas a comprar el pan con dos pesetas o diez reales que se ganaba?

¿Animales? ¡Qué va! no podías criar nada. Teníamos nosotros un… ¿Yo que sé los pavos que había en mi casa, cuando terminó la guerra? Cuando terminó la guerra ¡los pavos que había en mi casa! Y había once cerdos ya criados, grandes y una marrana de cría. Era la marrana de Juan Líndez que nos la dio antes de irse a la guerra. Que a él lo recogieron y le dijo a mi padre: -Llévatela y cuando yo venga ya nos arreglaremos, todo lo que críe, porque se va a morir de todas maneras aquí sola.
Y esa ya ves tú en tres años casi, se llenó mi casa de tocinos. Además, teníamos 40 cabras de crías de leche y se fundieron en ¡pocos meses!
Te denunciaban cada día, si ibas al campo y no te dejaban. ¡Todo era de ellos! No podías pastar con ellas, no te dejaban hacer hierba, no te dejaban hacer na, pues pasto, nosotros no podíamos comprar pasto. Pues vender, que, estando mi padre a los carniceros, ya ves tú por tal de sí vendía una, por tal de sí podíamos comer, hasta que se fundieron todas.

O sea que, al poco tiempo en mi casa, pasar hambre a pasar hambre, pero ¡a todo pasto! Y ya ves… En el 46, nosotros estábamos en Pastelero, en aquella finca. Fuimos trabajando tres, trabajábamos en la finca una hermana mía, yo y mi padre. Trabajando ¡pues en el campo! La hermana en la casa como cocinera ¿no? Y sin embargo no ganábamos los tres no ganábamos pa que comieran los otros ¡no! ¡Es que no llegaba!”.

  1. Antonia Valle, nascuda l’any 1920, entrevistes realitzades el 14-3-85 i el 29-5-86 a Torre-romeu (Sabadell)
  2. Manolo Alfaro, nascut l’any 1920, entrevista realitzada el 15-7-84 al Tibidabo de Torre-romeu (Sabadell)
  3. Sebastián Martínez nascut a Hueneja el 8-1-16, entrevista realitzada el 23-6-84 a Ca n’Oriac (Sabadell)
  4. Joaquín Pardo, nascut el 18-10-18, entrevista realitzada el 11-3-85 a Torre-romeu (Sabadell
Compartir a les Xarxes Socials
Facebook
Twitter
Email
Print

Deixa un comentari