6. La vida en la retaguardia

De Pedro Martínez a Sabadell: l’emigració una realitat no exclusivament econòmica. 1920-1976.
Angelina Puig i Valls

Partidos, sindicatos y militancia femenina

Conocer el funcionamiento y la evolución de las organizaciones políticas y sindicales de Pedro Martínez, que, a partir de julio de 1936, tuvieron la responsabilidad de dirigir la política social y económica del pueblo; y estar al corriente de cómo la gente percibió los cambios que se produjeron, nos permitirá captar mejor cómo se vivieron los años bélicos en la retaguardia, los nuevos comportamientos que la guerra generó, y los conflictos que se produjeron.

Según Antonio M. Calero, entre 1871-1874 ya existía en Pedro Martínez una sociedad afiliada a la AIT, seguramente formada por pocos hombres. Sin embargo, a partir de la segunda década del siglo se empieza a conocer la militancia socialista de algún hombre del pueblo, como Rafael Casares. Es a partir de las elecciones del 31 que los socialistas despuntan como fuerza política mayoritaria. En el último periodo republicano y durante la guerra civil, los comunistas como partido habían comenzado a crecer en el país a partir de su papel en la insurrección de octubre. En Pedro Martínez insignificantes hasta aquel momento, elevaron el vuelo e incorporaron algunos militantes de otras organizaciones. Algunos miembros de la CNT se pasaron al P.C, y los jóvenes socialistas, al unificarse las juventudes y fundar la Juventud Socialista Unificada, quedaron también dentro de la influencia comunista. Por su parte, tanto en tiempos republicanos, como durante la guerra civil, la central sindical hegemónica fue la Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra, versión agraria de la UGT, que en todo el periodo tuvo más predominio que la CNT.

 

Fotografia proporcionada per Juan Rodríguez Titos

En cuanto a la tímida militancia femenina a finales de la República y especialmente durante la guerra civil, se sitúa mayoritariamente en la órbita comunista, bien en el mismo Partido Comunista, bien en las Juventudes Socialistas Unificadas. Las mujeres, mejor dicho, las jóvenes activistas, al margen del encuadre partidista, trabajaron, sobre todo, en la Agrupación de mujeres Antifascistas.

Es difícil cuantificar a partir de las fuentes orales la militancia política de Pedro Martínez. Según Antonia, 1 durante el periodo de la guerra había tres o cuatro anarquistas, entre ellos una mujer, el resto de las personas activistas militaban dentro de UGT sindicalmente, y políticamente en los partidos socialista, comunista o las Juventudes.
“Cuando había una Junta aquello se llenaba, la sala aquella se llenaba. Unos 300 o unos 400, por ahí habría, más o menos. Pero como es que se iba agrandando, siempre había ingresos, pues exacto no lo sé. Todo esto ya fue durante la guerra. La Casa del Niño, del Braulio, allí montamos el taller colectivo, a donde estaba la Juventud Socialista Unificada. Montamos 5 o 6 máquinas y allí íbamos a coser. Pero lo mismo íbamos a coser las socialistas que las comunistas. Allí iban socialistas y comunistas, íbamos a coser allí, pero eso era mayormente montao por las Juventudes Socialistas. Fue montado por Antonio Alfaro y el Cebolla, unos cuantos chicos jóvenes que eran de las Juventudes Socialistas Unificadas.»

Vemos una elevada actividad y un movimiento progresivo y continuo de afiliación. De las mujeres, Antonia recuerda las que la acompañaban en las tareas de aquellas jornadas «… La Josefa Romero Rienda, la Carmen Puga López, la Encarna Roldan, la Terrera; la Enriqueta Muñoz Gallardo y la Encarna, la Barbera«. De mujeres socialistas no había muchas y de la CNT tampoco, de mujeres me parece que una nada más. Hombres si había unos cuantos… ¿Sabes quién era muy, muy anarquista? El marido de la Josefa, la Josefa, de la Severiana. Sí, era con el Número, eran uña y carne ¡Eloy se llamaba! No era del pueblo. El Número y él, ¡los únicos anarquistas del pueblo! Estaban también Manolillo, el del Bastián. Primero había más de la CNT, luego ya fue a viceversa, luego ya de la CNT muchos se pasaron al Partido Comunista, y ya fue, ya se agrandó más el P.C».

La composición de la UGT, formada por socialistas y comunistas, llevó dentro de la organización sindical problemas de competencias y luchas de poder entre los dos partidos para influir en el seno del sindicato. Antonia nos cuenta una de esas luchas en Pedro Martínez donde se nos muestra como aquellos hombres y mujeres iban aprendiendo a comportarse democráticamente, teniendo en cuenta las diferentes organizaciones que formaban el sindicato. Por ejemplo, en la elección del presidente o del secretario, las organizaciones se esfuerzan, o se obligan unas a otras, para realizar un proceso democrático y legal. Se deben cumplir los estatutos y las responsabilidades, tales como, el pago de las cuotas. También, a partir de las palabras de Antonia, podemos captar la influencia que las mujeres de la Agrupación tuvieran dentro de la misma UGT, cuando todas ellas ingresaron en el sindicato. Aunque, probablemente, la influencia que evidencia Antonia se debe más a su fuerte carácter que al reconocimiento que aquellos hombres otorgaran a la Agrupación. Se constata igualmente como los comunistas van cogiendo protagonismo, expresado por el hecho que el presidente del partido fuera el secretario del sindicato.
«La colectividad la llevaban la UGT. Nosotras pertenecíamos también a la UGT. Te voy a contar que pasó. El Partido Socialista siempre ha estao en pugna con el Partido Comunista ¡No sé por qué! ¡Pero siempre ha habido algo que no ha ido bien! Yo creo que, porque unos van por la tendencia más a la derecha y los comunistas van más a la izquierda. Eso ha sido ¡siempre! Bueno, este centro de Los obreros de la tierra, que se llamaba la UGT, pues aquella noche, nombró al secretario del PC como Secretario General de la UGT ¡Y claro a los socialistas aquello no les cayó bien de que fuera también secretario de la UGT! Y pusieron sus peros y pusieron unos obstáculos que ¡en fin!
¡Pero claro como fue elegido por unanimidad porque era un hombre listo y un hombre que, que sabía ocupar el cargo que se le dio! Total, pero ya tuvo que ser con él, con los estatutos, que, con las pagas al corriente, que… hubiera estao afiliado de desde no sé cuánto. ¡Pero murieron dos hombres y hacían falta en la UGT, hacían falta elegir dos miembros en la directiva! ¡Ah! y cogieron la oportunidad de que el Secretario General del P.C, o sea el Secretario General de la UGT, tuvo que marchar a Baza. Y entonces dijeron aquellos, los socialistas: pues ahora aprovechamos la ocasión de nombrar nosotros una Junta y entonces poner en la UGT a otros que ellos ya tenían planteao”.

Y Antonia nos explica como ella y sus compañeras avisadas por Trini Espínola, hija de Manuel, el barbero, lo impidieron. “Porqué en la UGT ya faltaban aquellos dos miembros. ¡Pero ya los habían nombrao ellos en el PS! Para que aquellos hombres fueran ya con sus cargos, con sus puestos a la UGT. Y claro, sino hubiéramos estao advertidas, ya hubiera sido de otra manera. Pues sí, cuando sentimos, uno que le decían el Tío del pozo (el pregonero). Sentimos aquella noche: – ¡Junta General en Los Obreros de la Tierra! Pues nada ¡aquella noche!¡Cataplam! Vamos todas y dijimos: -Nosotras nos vamos a poner así saltea.
Y ¡bueno! Cuando empieza ya la sesión y el alcalde que entonces era Vílchez -el padre de mi cuñao Francisco-, dice: -ya que esta noche han venido todos los hombres del trabajo a vestirse 2 hay una probabilidad de nombrar esos dos hombres que nos faltan en la directiva de la UGT, yo creo que mejor noche que esta noche, pues no vamos a coger otra hasta dentro de otro mes que vengan a vestirse». Bueno aquella noche el centro estaba abarrotao, estaba, había hasta por lo menos 10 o 12 guardias de asalto, que entonces estaban allí los guardias de asalto. Pues dice el hombre: – ¿Os parece bien que Pedro, uno que le decían Pedro, de la Pola, me parece que era Pedro Fuentes, y Francisco Ramales? Pues claro, yo creo que son hombres antifascistas, que nadie tiene porque decir estos hombres no tienen la confianza y tal. Bueno pues, el que esté de acuerdo que estos hombres suban a la presidencia que levanten el puño. Pues todo el mundo levantó el puño, de que subieran a la presidencia ¡Pero amiga! me levanto del banco que estaba sentá y digo: – ¡Pido la palabra! Y me dice ¡el alcalde!, dice: -Que perdone la compañera Antonia, pero aún no tiene voz ni voto. Y digo yo: – ¿Nosotras solicitamos a la UGT?
Dice: -Sí
– ¿fueron aprobadas nuestras solicitudes?
Dice: -sí
– ¿nosotras pagamos y nos diste una hoja de paga, hasta recibir el carné?
– sí y.
– luego después ¿tengo voz y voto sí o no?
Antes de que dijera el sí, todo el centro, todo – ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Que hable, que hable! Que hable ¡Madre mía! ¡Pues ya verás la que se lió!
Digo: – ¡Parece mentira digo que estos compañeros que quieren ir por la legalidad y por la verdad esta noche tomen el procedimiento del barullo y de la ilegalidad! Y a espaldas de un presidente haber nombrao una Junta, para nombrar unos hombres en un partido ¡qué no es la UGT! ¡La UGT, es la madre, es la madre de todas las organizaciones políticas! Y es aquí donde le hacen falta estos dos miembros ¡Y es ella la que tiene de nombrarlos! ¡No en un partido socialista, nombrar dos miembros para aposentarlos en la UGT!
Digo: -esto nosotras no estamos dispuestas. Sobre todo, los comunistas no estamos dispuestos a que vayan haciendo lo que, ¡lo que van haciendo! ¡Ni hablar!
Y entonces ¡uy! Se levantó y dice: – ¿es qué estos hombres no son adictos al régimen y no son dignos?
Y digo: -sí, sí señores son buenos camaradas, pero ahora vamos a ir a lo legal ¡Vamos a lo legal! Y si estos camaradas son nuevamente elegidos por unanimidad subirán otra vez a tomar posesión de sus cargos, pero si no son elegidos por unanimidad subirán otros y no estos.
¡Niña la que se lio allí! ¡Madre mía! Pues ¡bueno! pues vamos a la elección ¿Pues sabes quién salió? Ceferino Delgado Montes y José el de ¡hermano del niño de la María! ¡Hijo de la Colorá! Esos dos. Uno salió por unanimidad. El niño de la María era de las Juventudes Socialistas Unificadas y el Ceferino y el José también, los dos eran socialistas. Pero ¡ya no fueron los otros que nombraron allí en el Partido Socialista! Si no que la UGT, el centro era el que tenía de nombrar lo que le hacía falta ¡No nombrarlo de allí para ponerlo aquí! Entonces se fueron los otros y pusieron a ellos ¡Mira! ¡Si hubieras visto tú!”.

Aun tratándose de un período histórico de gran efervescencia social, las personas activistas y comprometidas eran una minoría, y en todo caso, ser afiliado no es sinónimo de militante y menos de estar plenamente al corriente de las cuestiones políticas. De hecho, la actividad política había sido históricamente patrimonio de las clases adineradas y apenas en este periodo es cuando amplias masas de jornaleros comienzan a acceder a la cosa pública. Los mismos entrevistados tienen conciencia de ello. Joaquín hablaba de que la gente «no estaba tan espabilado como ahora con los Partidos» a la hora de justificar su ignorancia, y sin embargo era afiliado de las Juventudes, aunque se limitara a asistir a las reuniones.

Juan Ramón 3, hijo del viejo militante anarquista, aunque afiliado a las Juventudes Socialistas, limitaba su militancia política en ordenar y vigilar la sede del partido. No obstante, ante la extrema y brutal polarización de las fuerzas sociales y, porque el pueblo es pequeño, y todos se conocen, sí tienen identificadas a las personas que jugaban un papel político. Si no siempre conocen en profundidad los conceptos políticos, sí que tienen claramente dividida la gente, por su comportamiento y por su origen social, entre derechas e izquierdas. Otra cuestión es discernir los matices y las diversas opciones dentro de un mismo campo ideológico.

Los diferentes testimonios aportados ayudan a relativizar el enrolamiento demasiado definido de la gente en cuanto a cuestiones políticas. Tambalean los esquemas partidistas y dan a entender que la gente, al menos a nivel local, incluso la más activa políticamente y socialmente, se encuadra claramente en una de las dos partes de la gran división: derechas o izquierdas. Más, dentro de esta división, muy a menudo se afilia a una u otra opción concreta por cuestiones de azar, de tradición familiar o del lugar, e incluso por la influencia de una persona carismática, etc., y no por una decisión tomada tras una profunda reflexión.

Si la militancia activa era cosa de una minoría de hombres, la participación de las mujeres era todavía mucho más escasa. En 1933, tras la subida de Hitler al poder, se había creado la Organización de Mujeres contra la guerra y el fascismo. Formaba parte del movimiento internacional antifascista propuesto por la III Internacional, y dependía del Comité Mundial de la organización con sede en París.
En España la organización se constituyó en abril de 1933, bajo la presidencia de la comunista Dolores Ibárruri, La Pasionaria, y tuvo una importancia decisiva durante toda la guerra. Como explica Carmen García-Nieto, “llamó a todas las mujeres a organizarse, promovió el abandono de su aislamiento tradicional, amplió sus horizontes al relacionarse con mujeres de otros países a través del vínculo de la solidaridad, organizó y mantuvo la resistencia en los frentes y en la retaguardia y creó en las mujeres conciencia de sus propios objetivos y de sus derechos”.

 

En Pedro Martínez el líder socialista, Rafael Casares, sugirió a Antonia la conveniencia de que las mujeres se asociaran independientemente de los grupos políticos. Esta chica no era socialista, pero destacaba en el pueblo por su actividad y carácter. Además, la Agrupación, a pesar de ser dirigida principalmente por comunistas, tenía la pretensión de ser una organización amplia y unitaria. Y Rafael Casares era un político honesto que creía sinceramente en la necesidad de que las mujeres participaran de la vida política del país. Lo concretaba en su pueblo porque creía indispensable que las fuerzas antifascistas tuvieran un crecimiento a partir de la movilización de todos los posibles sectores. Aparte, a pesar de las reticencias y los problemas existente, socialistas y comunistas trabajaban conjuntamente en el seno del Frente Popular.
Y Antonia conectó a través del mismo Casares con la responsable de la organización de Valencia que ayudó a poner en marcha la Asociación en Pedro Martínez.

«Y yo ya me puse en contacto con esta Emilia Díaz, una chica formidable. Nos dijo de la manera que hay que actuar, y que nos pusiéramos en contacto con ella cuando me hiciera falta alguna cosa. Yo le escribí de que nos orientase sobre nuestra agrupación de mujeres. Y ya pues, constituimos la Agrupación de Mujeres Antifascistas. Que allí, pues era, estábamos todas las tendencias. Estábamos comunistas, socialistas, algunas de la CNT y sin partido».

Formada la agrupación eligieron la directiva compuesta por unas seis mujeres. Antonia recuerda especialmente su amiga Trinidad Espínola, María Hervás Quesada y la del Caterino del Partido Socialista. Fijaron la sede de la Agrupación en la misma casa donde socialistas y comunistas tenían el local. La primera ocupación fue amueblar y arreglar el piso. Con los chicos de las Juventudes fueron a los cortijos donde les regalaron muebles viejos para la nueva sede.
No obstante la Agrupación no demostró un especial interés en transformar a las mujeres para romper con los distintos roles establecidos para hombres y mujeres. De hecho, no se cuestionó la tradicional división sexual del trabajo, ni la segregación ocupacional y social de las mujeres. Entre sus actividades no figura ninguna que pueda considerarse estrictamente dirigida a mejorar la situación de las propias mujeres. Tres fueron las tareas fundamentales que realizaron una vez iniciada la conflagración. 1. Pedir, a menudo acompañadas por los chicos, donativos por el pueblo y por los cortijos para ayudar a cubrir las necesidades del frente. «Y todas las que habíamos, todas las que nosotras decíamos, -que vamos al donativo. Ellas venían sin faltar, recuerda Antonia, inclusive, hasta el hijo de Emilio Vílchez, venia a pedir donativos. Emilio Vilchez era un gran señor del pueblo, pero también de izquierdas, igual que Don Rafael Casares. Pedíamos donativos para mandarlos al frente que más falta hacía. El último que mandamos fue para Madrid». 2. Organizar un taller colectivo de confección, cuya producción se dedicaba exclusivamente a las necesidades del frente. 3. Al final de la guerra, cuando la necesidad de efectivos en el frente vació el pueblo de hombres, se dedicaron, además, a trabajar en el campo para que no se perdieran las cosechas.
No era nuevo en la historia, Evelyne Sullerot ya estudió como las mujeres sustituyen a los hombres cuando estos están en la guerra.
“Luego ya últimamente se llevaron todos los hombres…cuando la quinta del saco. Los viejos y todo hacían la guerra. Nuestra labor era entonces… Íbamos, ¡Claro! Ya había de ponerse en activo, para ir al campo a trabajar. En fin, hacer cosas para no dejar la cosecha que se quedaba al amparo de la tierra, sin que nadie la tocara.”

 

Melendreras 1623 1938 73×51 Madrid Comisariado de Guerra

Las chicas organizaban las tareas según las necesidades estudiadas previamente por las que dirigían la Agrupación. Es evidente que las actividades de esas chicas eran conocidas por las mujeres y los hombres de aquella pequeña comunidad, sin embargo, sorprende que este ingente movimiento solamente lo contara la propia Antonia. La memoria, evidentemente, selecciona y recuerda las cosas que se consideran importantes según las circunstancias, o los hechos que más impacto produjeron en su momento, o según lo aprendido más tarde a considerar importante ¿No impactó en su forma de hacer y de pensar tradicional el comportamiento de aquellas chicas de formas más abiertas, especialmente en cuanto a la relación más franca que tenían con los hombres? ¿No dieron importancia las mujeres del pueblo a la actividad que realizaban aquellas jóvenes luchadoras antifascistas?
Quizás el hecho de que todas ellas eran chicas jóvenes solteras contribuyó a que, las casadas del pueblo, no se identificaran con ellas. Para las mujeres con familia las cosas de la Agrupación no formaban parte de sus inquietudes. La Agrupación de Mujeres Antifascistas, aunque, evidentemente, formada por mujeres, pertenecía a la esfera política, a un mundo exclusivo y tradicional de algunos hombres. Pero muchas mujeres han recordado sucesos políticos y sociales protagonizados por los hombres, mientras olvidaron la Asociación de las chicas. Podemos pensar que no se trata del olvido de un hecho que pertenece a la esfera pública, propio de los hombres, sino un silencio sobre una parte de la propia cultura no considerada importante por ellas mismas. No entendida como parte de la historia colectiva.

Y. Lequin y J. Metral afirmaron que el rasgo más característico de la cultura popular era la débil conciencia que de ella misma tenía. Esta peculiaridad de la cultura popular de subestimarse se agudiza notablemente cuando pertenece a la esfera puramente femenina. Obedece al mecanismo que Luisa Passerini considera la más sutil victoria de la presión ideológica de las clases dominantes: conseguir la negación de la propia existencia por parte de los mismos dominados. La interpretación de las carencias, de las distorsiones de las cosas que pensamos conocer, está en el centro del análisis de la historia oral. ¿Por qué una persona deja de referir un hecho vivido por ella? ¿Porque una comunidad no recuerda una realidad que ha marcado su existencia? ¿Se trata de mala memoria, de minimizar un fenómeno que no merece ser señalado, de una ocultación consciente o inconsciente? ¿Es la historia escrita la que ha exagerado ese hecho? La memoria de la gente selecciona y organiza jerárquicamente los hechos vividos, los clasifica en significantes o insignificantes y se produce lo que Amparo Moreno define como «un desajuste entre lo que explicamos y lo que vivimos: entre cómo hemos aprendido a pensar racionalmente sobre lo que vivimos, y cómo aspiramos a vivir».
Pero las fuentes orales tienen una ventaja: la posibilidad de volver a buscar la información para formular nuevas preguntas o cuestiones, o para aclarar las que en una primera fase -o entrevista- no han quedado suficientemente explicadas. O cuando, como en este caso, se ha omitido un tema que, desde el punto de vista de la investigación, se considera importante.

Las mujeres de Pedro Martínez no valoraban, ya en el momento de los hechos, las actividades del grupo en el mejor de los casos y, en ocasiones, las criticaban abiertamente. María Jesús 4 aunque había colaborado en el taller de costura, interpelada por su olvido, dice, bastante explícita:»…Que no me habré acordao ¡Yo qué sé! ¡Cómo tampoco eran limpias ellas! ¡Lo que les pasa a todos! ¡A lo que pueden pillar! Ellas hacían pantalones para los militares, pero na más que para los del pueblo. Era pa el frente de Graná, para los que había por allí, no. Y también arrecogieron lana y hacían abrigos, pero también para los militares del pueblo, no era pa toos. Y luego también… luego las criticaban, porque decían, que si se habían hecho chaquetones con la tela que había sobrado. Las dirigentas, las dirigentas y mucha de los otros, por qué no habían pillao ¡Las cosas que pasan! La gente que no tenían los hijos en aquel frente ¡pues que no les gustaba! ¿De modo que a estos les mandáis porqué son del frente de aquí? ¿Y a los otros que están en otro no le podéis mandar? ¡Eso no! Y yo, como yo no tenía ganas de na, yo no estaba en condiciones de na. Iba a coser porque mira. Yo me estoy en mi sitio y ya está, pero que yo he estao en mi casa y yo no me he metido en na, y yo no he salido a la calle a decir ni esto ni lo otro ni na. Mira, yo no he tenido mucha conversación. Porqué ya te digo, yo no he salido. Que yo me he estao en mi sitio y ya está. Como no han estao relaciones ni na de las mujeres. Es como ahora. Porque, claro, yo de izquierdas he sido toda la vida, pero yo he estao en mi casa, yo no me he metido en na, ni yo he salido a la calle, ni a decir ni esto ni lo otro ni na. Ellas, una era del Partido Socialista, otra del Partido Comunista. Una que hay en Torre-romeu, que le dicen la Antonia, de la Eustaquia, ésta era del P.C. Era de las más señalá, la Antoñica, la otra de Guadix, la del Barbero…Había muchas. Pero tampoco a las mujeres les tiraba mucho. Porque no les gustaba a las mujeres mucho ir a eso de los hombres.
Estas las metieron a la cárcel, cuando se acabó la guerra. Había muchas que decían que eran malas, que tenían a los hombres ¡qué los traían dislocaos! Que esto que lo otro…»

Es un discurso paradigmático que muestra claramente dos cuestiones, el papel que se atribuye a la mujer «como debe ser» y por contraste el perfil de la «mala» mujer. La primera es la mujer que se reserva dentro de casa y que la mantiene limpia, «limpia y curiosa», es la mujer “apañá”. La palabra limpieza es la concreción de todas las actividades que se exigen a la mujer de casa y la palabra toma el significado de mujer honrada. Enrique Luque Baena en su estudio antropológico y social de un pueblo del sur, ya vio la división entre la mujer «limpia» que se equipara a la mujer «honrada». Por eso, cuando María Jesús habla de las mujeres de la Agrupación de «poco limpias» las simboliza inmediatamente, no sólo como mujeres con un comportamiento poco honesto socialmente, como cuando se acusaba a los hombres del comité, sino que la acusación trasciende este significado porque son mujeres que no han cumplido con el rol que de ellas se esperaba.
La segunda cuestión se refiere a la tradicional acusación que se hace a las mujeres que no se resignan al papel asignado secularmente, se trata siempre de la imputación de una conducta sexual condenable. Es curioso comprobar que esta culpabilidad se agrava al hacerlas responsables del posible comportamiento desenfrenado de los hombres. Además, esta forma de pensar evidencia una clara contradicción entre un sentirse y definirse como de izquierdas, con una doble moral para hombres, o para mujeres. Así como, el mantenimiento, con el convencimiento de ser lo correcto, de un tradicional comportamiento que obliga a las mujeres a encerrarse en casa. Aunque, es una reclusión no conseguida porque, hemos visto cómo, para trabajar, las mujeres permanecen buena parte de su tiempo en la calle.
Algunas chicas escapándose de sus únicas tareas asignadas empezaron a participar de la vida política y social. Desarrollaron su trabajo en partidos, sindicatos y crearon sus propias organizaciones. Participaron en reuniones, asambleas, congresos, comités. Tomaron decisiones. Esta nueva actividad no sólo cambiaba su papel tradicional, sino que les permitía adquirir más importancia o visibilidad social, y transformaba todas las relaciones que habían mantenido hasta ese momento con los hombres. Tanto es así, que Ronald Fraser en su reconocido libro Recuérdalo tú y recuérdalo a otros, subraya que la revolución lo mejor que llevó fue una nueva camaradería entre hombres y mujeres y que, en cambio, no alteró los papeles tradicionales de unos y otras.

De hecho, estos cambios llegaron solamente a pocos hombres y mujeres militantes republicanos. Chicas jóvenes y solteras que su compromiso político les posibilitaba relacionarse con más compañerismo con los chicos de las organizaciones donde militaban. Estas chicas fueron una minoría. Pero no cuestionaron los diferentes roles sociales, aceptaron sin demasiados problemas la división sexual del trabajo y las injusticias que esta división genera. División introducida en la misma actividad política pues sólo Antonia formó parte de los órganos dirigentes del pueblo, cuando en 1937 fue elegida por unanimidad, Secretaría de Agitación y Propaganda, del P.C de Pedro Martínez.

Como afirma Mary Nash se trataba de un modelo de comportamiento de proyección de la mujer en el ámbito público de la resistencia antifascista, pero respetando la función social tradicional y primordial de la mujer dentro de la familia. Sin embargo, hay que defender el avance que representó para aquellas mujeres la situación político-social. Y como hubieran podido evolucionar hacia un camino más feminista si el resultado de la guerra hubiera sido otro.
En efecto, la expansión y / o la consolidación de los modestos cambios que el ejemplo de aquellas chicas hubieran podido ir introduciendo en la vida del resto de mujeres y hombres del pueblo se truncó con el resultado final de la guerra. La corta duración de la experiencia, la poca preparación y las costumbres atávicas de la población, no permitieron que los cambios iniciados prendieran en la conciencia de la gente, hasta el punto de modificar el comportamiento y las ideas de la mayoría.

Paralelamente, además, la situación social, siempre mucho más compleja, estaba cambiando también en otro sentido. Algunas mujeres campesinas pobres, jornaleras o compañeras de jornaleros, excluidas secularmente de cualquier bienestar, accedieron en ese momento a una cierta prosperidad económica o, al menos, en un tiempo en el que desapareció el hambre en el pueblo, al estatus de amas de casa. Rosa y otras mujeres, tienen compañeros que se ganan «bastante bien» la vida como para que ellas no tengan que salir de casa a buscar un sueldo diario, y se dedican, exclusivamente, a los hijos y al marido. Se está, de este modo, iniciando en la clase trabajadora un nuevo modelo clasista que implica una división sexo / edad mucho más profunda que hasta ese momento. Es un momento en que la sociedad viril toma una importancia y significación muy acentuada, tanto en la esfera política (ampliación de los colectivos de hombres que participan), como en el militar (desarrollo de la guerra).

La victoria franquista continuó y profundizó una clara ofensiva contra las mujeres. El papel tradicional destinado a la mujer estaba bastante definido. Y la voluntad de los vencedores de la guerra civil fue devolver, a ese lugar tradicional, con toda la fuerza de la violencia, a aquellas que iniciaron una lucha por una vida más igualitaria y justa. Por eso las mujeres antifascistas recibieron penas por su elección ideológica, pero también por razón de su sexo, como podremos ver en el próximo capítulo.

  1. Antonia Valle, nacida en 1920, entrevista realizada el en Torre-Romeu (Sabadell)
  2. Los Hombres que trabajaban en los cortijos iban al pueblo a lavarse y cambiarse de ropa de vez en cuanto
  3. Juan Ramón García, nacido el 18-7-17, entrevista realizada el 13-6-84 en Torre-Romeu (Sabadell)
  4. María Jesús García, nacida el 12-12-14, entrevista realizada en Can Oriac (Sabadell) el 31-8-86
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