15. La decisión de emigrar

De Pedro Martínez a Sabadell: l’emigració una realitat no exclusivament econòmica. 1920-1976.
Angelina Puig i Valls

La decisión de emigrar

La llegada a Catalunya

“…y me vine porqué allí había gente muy mala,
habían muchos fascistas, muy malos…”   (Juan Ramón García)

“…pos nos vinimos porqué allí pasábamos hambruna! Y ya está.  (Rosa Alfaro)

La primera corriente migratoria: la década de 1950

Llegó el momento de ver cómo y cuándo se produjo la decisión de emigrar de las mujeres y hombres que estamos siguiendo en este Blog.

Poco antes de iniciarse la segunda mitad del siglo XX, grupos de hombres dejan Pedro Martínez para ir a trabajar a Cataluña. Hacen el viaje juntos con un billete colectivo y con un precio arreglado. No se les contrata directamente desde Granada, pero se dirigen hacía un empleo determinado y convenido. Les esperan las grandes obras de construcción de los pantanos para hacer funcionar las centrales hidroeléctricas, que se construyen en los valles pirenaicos. Son las centrales que, durante la década de los cincuenta, protagonizan el segundo ciclo de expansión hidráulica de Cataluña, que se extiende hasta 1970.

Y de esta manera hombres de Pedro Martínez participaron en la construcción del Pantano d’Escales para producir energía hidroeléctrica. Este embalse pertenece al río Noguera Ribagorzana y está situado entre Tremp (antiguo término de Espluga de Serra) y Sopeira. El pantano se extiende por los términos de Tremp y el Pont de Suert, y los de Sopeira y Bonansa (municipios de habla catalana bajo administración aragonesa).

Pantano de Escales. Impresionante presa de contención al lado de la cual hay unas escaleras excavadas en la roca que dieron el nombre al pantano

En principio la decisión no era marchar para siempre. Pero pronto los hombres reclamaron la familia, particularmente los casados piden que las mujeres se les unan. Y cuando las esposas, los hijos y las hijas, dejan el pueblo y se consigue la agrupación familiar, el proceso migratorio toma un carácter prácticamente definitivo.

Algunos de estos trabajadores, una vez instalados, permanecerán muchos años en estos lugares pirenaicos, pero para otros, sobre todo los que están con la familia, este empleo sólo será el primer estadio de la emigración.

El trabajo de la construcción de estas grandes obras es una ocupación coyuntural que tiene un inicio y un final. Pero sobre todo, los trabajos que se realizan, son peligrosos. De hecho, como nos recuerdan los testimonios que tenemos, no es aventurado afirmar, que en según qué ocupaciones, se jugaban la vida. No es extraño, pues, que cuando se produzcan accidentes mortales, se asusten y comiencen a buscar otro lugar para vivir y trabajar en mejores condiciones.

En el barrio de Torre-Romeu de Sabadell vivían algunas personas de Pedro Martínez con las que mantenían contacto. Esto explica que sea hacia esta ciudad a donde se dirigen.

Los primeros que se van comienzan un traslado que con el tiempo afectará a todas las personas de Pedro Martínez que trabajan en estas construcciones. Más adelante, otras familias de Pedro Martínez llegarán a Sabadell sin el paso intermedio de los Pirineos.

Pedro Martínez en la década de los cincuenta pierde 608 habitantes (en esta cifra están incluidas las defunciones producidas durante estos años). Por otra parte, en el barrio de Torre-Romeu de Sabadell al final de la década viven 357 personas nacidas en Pedro Martínez, a las que habría que sumar el número de defunciones ocurridas entre la fecha de llegada y el año de la elaboración del padrón (1960), y el número de las personas que en este periodo abandonaron el barrio.
Son unas cifras que demuestran que más de la mitad de la emigración de Pedro Martínez entre 1950-1960 se dirigió a Torre-Romeu.

Rosa,  la de Vílchez 

La primera referencia que tenemos es el grupo de chicos de la que forma parte Francisco Alfaro, hermano mayor de Rosa. 1

A Francisco lo consideraban y se sentía el responsable de la familia, porque los padres hacía años que estaban muertos y Rosa era viuda. Cuando consideró que su vivienda era más o menos digna para vivir toda la familia, la reclamó. Y así es como, unos meses más tarde, se reunieron todos los hermanos en Pont de Suert.
Entre ellos iba Rosa con sus 10 hijos. Ella recuerda exactamente el día de llegada: el 7 de septiembre de 1950. Y nos cuenta porque abandonaron el pueblo.

«Nos vinimos porque allí pasábamos hambruna. ¡Y ya está! Y que sólo trabajábamos en lo que pillábamos y ya está…y el viaje, pues ¡fue con un billete de calidad! ¡Ja, ja! Nos vinimos sin na y no dejamos na. ¡No teníamos ni casa donde vivir! Cuando salimos mi hermano dice: -Echarle a esa (señala el suelo y hace una especie de bendición), que a Pedro Martínez no volvéis más.»

En la central entraron a trabajar todos los hermanos de Rosa y pronto se les añadió, Manolo, su hijo mayor.
Pero, ya lo hemos dicho, el trabajo de construcción de las centrales era un trabajo muy duro y peligroso. El testimonio de estos obreros y sus familias muestran el sacrificio humano que conllevó la construcción de las grandes obras hidroeléctricas. Evidencia la inseguridad laboral, las enfermedades y accidentes hasta la muerte como una dura y cruel persistencia de la historia laboral, sobre todo en la construcción.
Del mismo Pedro Martínez murió un chico. Esta muerte más cercana los impactó de manera especial y ocasionó el inicio de un segundo abandono en la búsqueda de una mejor tierra y un nuevo trabajo. En definitiva, un lugar para vivir y trabajar en mejores condiciones.

Del grupo de los hermanos Alfaro, cuando salieron del pueblo, también formaban parte los hermanos Sánchez. Los Sánchez fueron los primeros que dejaron el empleo de las centrales y se dirigieron a Sabadell. Con ellos, igualmente, se había trasladado desde Pedro Martínez, la Eustaquia, madre de los hermanos.

Aparte de los Sánchez en la ciudad vallesana vivía la prometida de Francisco. Se entiende, así, la decisión de los Alfaro-Vílchez de dirigirse hacia Sabadell. Proseguían el proceso migratorio que habían empezado partiendo de su pueblo natal.

Y Rosa también rememora la fecha exacta de la llegada a la ciudad: la verbena de San Juan de 1951.

“Él estaba novio de la Encarna y al matarse aquel que se mató, pues nos vinimos aquí. Se mató allí, al menos uno o dos y nos vinimos aquí. Aquí ya había gente del pueblo, estaba la Eustaquia, y ya entonces unos cuantos del pueblo ya se hartaron y se vinieron. Cuando nosotros nos vinimos a Torre-romeu sólo habían del pueblo los del Domingo del Olegario y los de la Eustaquia y los de Juanico Grande. Y uno que es el que se le mató un hijo allí en los Pirineos. Cayó por una cantera de aquellas y murió. En los Pirineos murieron varios del pueblo: un hermano de la Isabel, un hijo de la Mochuela. Pero ese no se mató allí en Pont de Suert, fue en la misma empresa por el otro lado”.

Antonia, de la Eustaquia

En Pedro Martínez, Antonia 2 no tenía graves problemas económicos. Al menos podía vivir de su trabajo en la tienda de comestibles. Y, con más o menos esfuerzo, alimentar y educar a su hijo. Pero la familia se fue marchando. Ya sabemos que su madre, la Eustaquia, se había ido a Sabadell cuando sus hijos, que trabajaban en las centrales, abandonaron aquel lugar para instalarse en la ciudad vallesana.

Nos lo explica la misma Antonia: » Y cuando cayó éste de la Anita del Domingo, que se cayó allí, porque eran unos trabajos muy peligrosos, ya se vinieron para aquí a Sabadell. Y ya tiraron de mis padres, y ya pues, en fin, estando todos aquí… Yo me quedé allí en mi casa, estaba toda la familia de mi marido y mis tías. Y ya pues, mira me vine aquí yo también. Mis hermanos me mandaron el dinero ¡Y yo pues me vine! Y algunas cosas, todas, las dejé allí. Luego después vendí la cama a la Anita la Segadora, y a unas tías también que se quedaron con una cantarera y ¡en fin! La ropa me la traje yo y las sillas ya se quedaron en casa de mi tía ¡en fin!
Me vine sin problemas, na más que ¿qué hago yo allí ya? Allí ¿qué hacía? Si ya mi familia cada día ¡qué me venga, que me venga!
Dice: -que aquí vas a ganar, entonces a duro la hora.
Y a duro la hora decíamos nosotros: – ¡Uy eso es mucho! ¡Entonces a duro la hora era mucho!
Decían: -que aquí la prima está planchando y aquí se hacen muchas faenas y en fábricas y en to, aquí vas a ganar.

Pues me vine, pues sí, con la golosina de trabajar. Me vine sola con mi hijo porque estaba aquí toda la familia. Nos vinimos en tren por Barcelona. Y luego a Barcelona salieron de aquí a por nosotros a la ¿cómo se dice? A la estación de Francia. Y mira entonces ya pues salieron a por nosotros de aquí. Y directos a las cuevas.»

Estación de Francia. Arxiu històric de CCOO. Fundació Cipriano García

 

Carmen,  del Toño del Gavilla 

En 1950 el marido de Carmen, 3, acompañado de su hijo mayor, va a los Pirineos en busca de trabajo, «porque en Pedro Martínez no había vida ninguna». Más tarde Carmen y los hijos pequeños se les unieron. En 1955 prosiguieron, esta vez todos juntos, el camino hacia Sabadell.
«…y ellos se vinieron a los Pirineos. Y de allí nos vinimos nosotros, mis nietos y mis niños. Estaba allí mi marido y allí estuvimos cinco años, y a los cinco años nos vinimos aquí a Catalunya, aquí a Sabadell. Eso es todo lo que sé.
De los Pirineos decidimos venirnos aquí a Sabadell porque mi marido tuvo un accidente allí en los pinos y estuvo 17 meses accidentado de las piernas y como mi hijo el mayor trabajaba también en los pinos, yo dije: -Aquí se van a perder el padre y el hijo y se van a quedar muertos los dos. Pues yo lo que quería era arrancarlos de allí. Hasta que ya me decidí y vinimos aquí en Torre-romeu».

Joaquín

También fue en 1950 cuando Joaquín 4, junto a un grupo de otros hombres, dejó Pedro Martínez, como antes habían hecho los Valle, los Sánchez, los Gabilla y otros. Se dirigen a trabajar en las obras del pantano de Escales.

Joaquín describe cómo era la marcha en grupo del pueblo, la organización del trabajo y de la vida de estos obreros de la ENHER. Habla de la dureza del trabajo bajo tierra y el riesgo de sufrir, además de los accidentes físicos, enfermedades psíquicas y nerviosas. Rememora también la vida casi militarizada en los barracones donde vivían y la extrema vigilancia a que eran sometidos, dado el período histórico y la proximidad de la presencia guerrillera.

Cuando él dejó Pedro Martínez todavía permanecía soltero. Durante una estancia en el pueblo se prometió con la chica que sería su mujer. Una vez casados la pareja vivió en los Pirineos mucho tiempo.

«…en el 51 llegamos aquí al Pirineo. A la Pobla d’Escales. Allí empezamos a trabajar. Vinimos un grupo del pueblo. Un grupo que nos hicieron un papel en Graná pa pagar. Pagábamos un tanto por ciento muy pequeño y nos juntamos… ¿cuántos veníamos?, pues 28 o 30 en el grupo y nos costó poco. Salía más barato al venir en grupo. Los hombres, éramos los que veníamos al trabajo. Nos enteramos que había trabajo por aquí, por los Pirineos y nos vinimos aquí. Que no podíamos trabajar en el pueblo. Nos vinimos ya a últimos de marzo, a últimos de este mes o a primeros del otro llegamos al Pirineos. Me acuerdo que había allí un nevazo que daba miedo todavía ¡claro como era en alta montaña! Empezamos quitando nieve, pa hacer una vereda pa subir al lago Negro que le dicen. Allí estuve, allí he estado trabajando por lo menos ¡14 años! Y desde allí, cuando tuve el accidente, me vine aquí a Sabadell».

Lago Negro (estany Negre)

«Me casé estando en los Pirineos a primeros del 57, porque mi Joaquín nació en enero del 58. Fui al pueblo, me casé y me traje a la mujer. Bueno, un año de los que fui con permiso al pueblo, como somos del mismo pueblo, nos conocíamos. Fuimos juntos desde la estación y empezamos a hablar… y ya pasamos allí la Navidad y pasé allí Reyes y tal, empezamos y… Si me casé en el pueblo por los papeles y todo, entonces allí al trabajo no podías entrar sin un permiso de la Guardia Civil. Entonces, cuando estábamos allí en los Pirineos, habías de pasar por el cuartelillo y si te habían tachao del pueblo ya no podías entrar. Como aquello era frontera y entonces estaban los maquis por allí y tal. Que se oía…, sino llevabas un pase con unos sellos que te ponían ellos, no entrabas allí a trabajar.

En los Pirineos estuve trabajando en el túnel, se ve que cogí nervios y un día me dio un ataque de nervios fuertes ¡qué yo, ni me di cuenta! Me llevaron a una clínica a Lérida. Y estando yo allí, mi hermano, mientras yo estaba en la clínica, me trajeron la familia aquí a Sabadell.
Yo estuve en los Pirineos en los túneles, sacando tierra, estuve fuera también, pero estuve un año, año y medio, debajo tierra. Era un túnel para cámaras de agua de la hidroeléctrica de Catalunya. Estaba en la parte de Lérida, pegando al Valle de Aran. ¡Ya ves tú como trabajábamos! ¡Cómo fenómenos! Allí tenías que… entrabas por la tarde si estabas de noche y hasta mañana a las nueve no salías, porque como tenías de dejarlo limpio, ya teníamos de sacar 40 y tantos balones que hacías de escombros. Y sacarlos a lo mejor a mil o 1200 metros de debajo tierra de largo que estaba el túnel. Pues tenías de sacar las balas, los vagones esos y dejarlos peladitos pa los que entraban de día. Ellos también te lo dejaban limpio. ¡Cómo íbamos a destajo! Hasta las 9. Cuando entrábamos ya no comíamos. ¡Claro como íbamos a destajo, pa aprovechar todo el tiempo que puedes! Luego te pagaban por metros lo que les parecía a ellos. Cada día, sábados y domingos. Sí, sí, me pagaban a la quincena. Si estabas fuera, al principio, los primeros años cobrábamos 300, 375 a la quincena, luego después ya me metí en el túnel y allí ya llegaba a cobrar hasta 1000 pesetas la quincena. 1000 pesetas no las veían allí na más el que estaba bajo tierra, los que estaban fuera no.

Antes de casarme, claro que mandaba el dinero al pueblo. Después cuando ya estaba casao no. Mandaba al pueblo lo que podía, como que estábamos tres hermanos. Después vinieron mis hermanos que estaban en la mili y cuando los licenciaron yo los llamé y se vinieron aquí conmigo. Uno estaba en San Sebastián, estaba también trabajando allí, de allí me lo traje aquí. ¡Cómo son menores que yo! Y otro que había aquí en el pasar de Barcelona, allí en la costa estaba ¿cómo se llama eso? No me acuerdo. Me lo traje también ya y estábamos los tres. Luego ellos me entregaban a mí el sobre y yo al pueblo lo mandaba, cuando hacía falta mandar algún dinero, pues mandábamos. Mientras tanto pa vestirnos, estábamos tres hombres ya, tres hombres y licenciados los tres y..»

Juan Ramon y Ángeles

El 31 de julio de 1951 llega a Sabadell Juan Ramón 5. Justo un mes después, su mujer, Ángeles 6, con Manolo, el hijo de la pareja, se reúnen con él.

«La idea de marcharme del pueblo muy sencilla: porque yo ya estaba harto. Dos años antes de venirme aquí a Sabadell, en el año 49 compré dos máquinas de hacer fideos. Me las mandaron de aquí de Sabadell ¿sabes? Era un taller, y me las mandaron y las pagaba a plazos por mediación de uno que yo trabajaba con él, con el marido de la Niña Bonita. Por mediación de él, pues me mandaron las máquinas y yo las fui pagando poco a poco. Mi mujer llevaba una máquina de hacer fideos y yo otra. Ella se quedaba en el pueblo y yo me iba en el mes de abril y de mayo, me iba por los cortijos y por los pueblos haciendo fideos y ella se quedaba en el pueblo y cuando se acababa la temporada del fideo, pues me enganchaba a segar o a trillar o arrancar esparto, en fin, conforme venía la temporá tenías que ir aprovechando ¿estamos?

Pa venirme tuve que vender la máquina de hacer fideos. La vendí por 1.900 pelas. Me costó 3.100 pero ya como era de segunda mano… la vendí a uno de Guadix. Y entonces con aquel dinero me vine aquí y mi mujer se quedó con la otra. Y luego la otra máquina se la vendió a mi hermano. Se quedó con ella un hermano mío allá en el pueblo. Y entonces, yo me vine.

Y me vine porque allí había una gente muy mala, habían muchos fascistas muy malos. ¡Yo cómo no era fascista! A pesar de esto a mí me daban trabajo, a los socialistas los enganchaban porque los socialistas trabajábamos, pero teníamos un yugo muy grande. Y yo ya pensé, no hombre yo me voy por ahí a buscar la vida porque aquí no ventilas na. Porque yo vivía de alquiler y había meses que pasaba el alquiler y habías de andar a trote porque eran 20 duros que pagaba cada mes de alquiler. Y pa juntar 20 duros en aquellos tiempos con el jornal, pues como a veces no lo hacías siquiera en un mes, pues ya tenías que entramparte en la tienda. Y venía la cosa tirante, y yo harto, dije: -Pues no, yo me tomo el vuelo de aquí a ver si tengo suerte.
Y mira pegamos aquí en Sabadell y aquí estamos y tan a gusto».

La segunda corriente migratoria: la década de 1960

El número de habitantes de Pedro Martínez que dejan el pueblo en la década de 1960-1970 es de 1.925. Por su parte, a finales de esta década, Torre-Romeu ha incrementado su población en 469 personas más nacidas en Pedro Martínez. Es un número superior al de la década anterior, pero representa un porcentaje menor del total de las personas que emigraron. En suma, en el nuevo barrio sabadellense viven 826 habitantes nacidos en Pedro Martínez.

Manuela, la Chamorro

Manuela, 7 viuda de Enrique Cobos, no dejó Pedro Martínez hasta 1960. No lo hizo por iniciativa propia. Hacía tiempo que su hermana estaba en Sabadell, ella y otros del pueblo intentaban convencerla para que se les uniera. No lo conseguían, entre otras cosas, porque su hija, Petronila, que se casó muy joven, tenía cuatro hijos y a Manuela se le hacía cuesta arriba dejar la chica y los nietos.

«La idea de venirse pa ca fue de mi hija. Mira te lo voy a decir. Una de aquí del pueblo, que le dicen la Josefita del casino, ella vivía en Sabadell y fue allí a Pedro Martínez que eran unas vacaciones. Entonces no iba tanta gente a las vacaciones allí. No había tanto dinero. Hicieron las vacaciones allí y decía: – ¡Ay Manuela, dice la Antonia (la germana de la Manuela) que te vengas, que allí vais a estar muy a gusto, no seas tonta! ¡Vente!
Y dije: -mira ¿cómo voy a dejar a mi Petronila?
Y la Petronila dijo: – máma si usted se va ¡nos vamos nosotros también! ¡Qué sí que nos vamos!
Y digo: – pero si no tenemos faena.
Y dice: -mira si no tenemos faena al tito Manuel (que estaba aquí mi cuñao), le mandamos pedir el dinero para el tren, vendemos el burro y los mueblecillos que tenemos y nos vamos.

¡Qué fue ella ya te digo! ¡Pues se echó a segar a la campiña, se fue a la campiña y cuando vino ya se había vendido el burro ella! Y entonces, pues ya gobernamos el viaje y nos vinimos. Ella fue la que intentó de que nos viniéramos. Y nos vinimos, nos fuimos toos juntos a casa mi hermana».

Encarnación

El año siguiente, 1961, llegan a Torre-Romeu la pareja formada por Cayetano y su esposa Encarnación 8. Con ellos van sus hijos.

Los suegros de Encarnación habían emigrado hacía años a Sabadell y desde allí intentaban convencer a los hijos para que se reunieran con ellos. Argumentaban, como siempre, que, en aquella ciudad, podrían vivir y trabajar juntos y mejor.
Cuando Cayetano cayó enfermo llegó el momento de decidir la marcha. Como jornalero parado la mayor parte del año no tenía ningún tipo de seguro de enfermedad. En realidad, ni pagando, tenía garantizada una buena asistencia sanitaria, ya que en Pedro Martínez esta se podía considerar nula, con
la obligatoriedad de tener que desplazarse a Granada.

«Nos vinimos porque nos hacía falta y mi marido estaba enfermo. Cuando llegamos estuvimos en casa mi suegra, ella nos llamó que nos viniéramos. Y nos vinimos y mira aquí estamos. Esto fue en el 61».

Manolo, el Cacheriche 

En 1962 llegan a Torre-Romeu Manolo 9 y su cuñado. Más tarde se les añadieron las mujeres de ambos.»…fuera de Andalucía, en estos países tanto en Catalunya como en el País Vasco, como en Palma de Mallorca, fuera de nuestra tierra ¿por qué estamos fuera de nuestra tierra? Pues hemos tenido de emigrar de nuestra tierra, a mí que no me digan como muchos dicen: -yo tenía allí. – ¿Qué tenías tú? Miseria.
Eso es lo que había».

Luisa, la Tomilleja

En septiembre de 1963, abandonan Pedro Martínez, Luisa 10 y su marido, Manuel Vaca y los hijos de ambos: María, Manuel, Rafael, Manolo, José y Francisco. Viajaron hacia Sabadell gracias a la tenacidad con la que les pedía que se les juntaran, Manuel, hermano de Luisa, que hacía años que vivía en Cataluña.
«Hasta que ya enteramente, es que ya no podíamos vivir y mi marido dice: – mira más vale que ya. Vendimos una yegua que teníamos y una miejilla de casilla que nos dieron mil duros por ella. Una casilla no una casa, que es muy hermosa, que la hicimos con duras penas, y nos vinimos aquí. Nos metimos a casa de mi hermano».

Manolo, el del anís

En 1964 llega Manolo, 11 arrastrado por sus hijos, que llevaban años viviendo en Sabadell.
Primero partió el hijo mayor, poco a poco, como en una hilera de dominó, fueron cayendo todas las piezas. La última fue la del padre.

«Por la necesidad, no por otra cosa, porque yo gusto de estar aquí no tengo ninguno. A mí el terreno aquel me gusta más que éste. Pero claro al no tener a donde invertirles a mis hijos allí, pues mis hijos tiraron pa ca a Catalunya y yo tuve que tirar pues lo mismo que ellos. Primero fue mi mayor, mi Manolo. Fue el primero y ya empezaron a ir tirando de los hermanos y yo tuve que arrear pa ca también».

Josefa, del follador

En 1965 Manuel va hacia Sabadell en busca de fortuna. Pasados unos meses se reunían con él, su mujer, Josefa, con los niños, Manuel, Antonia, Josefa 12, Francisco Manuel y Encarna.

Cuando la hija Josefa llegó a Sabadell era una niña de ocho años a quien nadie le había preguntado si quería irse o quedarse en el pueblo. El padre había partido buscando trabajo, y la madre cuando el marido la avisó que ya tenía preparada un nuevo hogar, dejó rápidamente Pedro Martínez para reunirse con su hombre. Josefa no tuvo la opción de decidir.
Su memoria se compone de los recuerdos alegres de la infancia. No es la memoria de las personas adultas que recuerdan la vida anterior de penas y miseria. Seguramente esta es una razón por la que Josefa se llena de pena y de nostalgia cuando habla de su pueblo natal, y, a pesar de su juventud, parece la persona más aparentemente desarraigada.

«Porque cuando vivíamos allí, no es que viviéramos mal, no es que estuviéramos muertos de hambre como dice mucha gente, no. Pero mi padre al final es que ya no tenía trabajo allí y ya se vino pa ca. Y aquí estuvo nueve meses trabajando. Nosotros el tiempo que mi padre estuvo aquí, pues le mandaba a mi madre dinero. Y vivíamos más o menos igual ¿no? Nosotros no cambiamos la vida para na porque él estuviera aquí. Lo único, que nos faltaba él. Luego ya cogió una casa de alquiler aquí. Nos vinimos y viniendo pa ca, pues yo venía contenta porque iba a ver cosas que allí no veía. Iba a ver coches que allí no había, iba a ver cosas que veía yo en el cine cuando iba ¿no?, en las películas. Cuando llegué aquí pues me decepcioné».

Sebastián y María Jesús

En septiembre de 1965 llegan a Sabadell el matrimonio y los cuatro hijos: Sebastián, José, María Jesús y Juanita. Esta familia es de las que antes de emigrar definitivamente intentaron otras soluciones en la misma región: no abandonaron el pueblo hasta bien entrada la década de los 60.
Así Sebastián 13 con los dos chicos realizará algún viaje buscando y encontrando trabajo en diferentes lugares. Más adelante fue la familia completa, es decir, con la incorporación de las mujeres, María Jesús 14 y las dos hijas, quienes marcharon hacia Jaén, sin todavía deshacer la casa de Pedro Martínez. Sin embargo, ya era el primer paso.

Explica Sebastián, «En el pueblo cuando ya se empezó el trabajo en el año 60, cuando empezaron los dueños de los terrenos a llevar maquinaria y a echar los polvos, los herbicidas pa quitar la hierba, de esa forma se cortó el trabajo de labrar la tierra. Pues ya tuve de salir con mis dos hijos a cortar naranjas. Estuve en Almería y cuando se acabó la temporada de la naranja pues volví a Tabernas a coger aceitunas con mis dos hijos y otros compañeros.
Cuando ya regresé otra vez al pueblo un día vi que las cosas estaban imposibles que no se podía vivir y entonces tuve que arrear y irme a Jaén con la familia y fui con la familia a Jaén a coger aceitunas».

Olivares de Jaén

La María Jesús confirma: «Viendo que la faena se cortó pa los hombres, porque las maquinarias lo hacían todo, pues nos fuimos a Jaén a la aceituna y estuvimos allí 20 meses trabajando. Mientras estaba uno con las vacas, otro estaba de pastor, el padre estaba en la tierra. Y así que vimos que aquella faena no nos gustaba, pues, le escribimos a mi hermano que estaba en Barcelona que buscara vivienda y entonces nos fuimos a Barcelona».

Sigue Sebastián: «…y en Jaén estuve allí unos pocos de meses. Pero no, la vida no era fácil. Y yo me pensé, pues nada aquí lo que tengo que hacer es escribirle a mi cuñao y que me busque vivienda si puede. Le mandé un poquito de dinero para que nos buscara una vivienda, desde Jaén. Y ya me mandó decir que sí, que podía venirme. Y entonces cogí la familia y fui al pueblo facturé los muebles que tenía pa Barcelona y entonces otra vez fui a Jaén saqué los billetes para todos, me monté en el tren y llegué a ca mi hermano, en Madrid. Y estuve allí un día y de allí pa Barcelona”.

La emigración se frena: la década de 1970

Ascensión, dels Valero

A comienzos de los 70 la emigración de Pedro Martínez se ha frenado ostensiblemente.
Sin embargo, hay gente, en general personas mayores, que por cualquier causa habían decidido permanecer en el lugar de siempre, que emigran en aquellos años. Es que llega un momento que se encuentran solas porque los padres ya han muerto y los hermanos, hijos e incluso los nietos, viven en otras tierras. La familia desde Sabadell realiza el último tirón hasta arrancar del pueblo estas personas resistentes, ya sin fuerza.

De las mujeres y hombres que nos han ofrecido su testimonio, Ascensión, 15 fue la última en marchar de Pedro Martínez. Era 1972 y tenía 68 años. Ella nos cuenta porque dejó su pueblo:
la
«Me marché del pueblo, porqué se vino mi hija y mis hijos, y yo estaba allí en mi casa, y ya como no tenía ninguno, pues me tuve que venir. Al morirse mi madre y mi padre, estaba yo sola allí, una hermana mía se murió en la guerra y un hermano murió en Francia (que había marchado allí), y por eso me fui, porque me quedé sola».

La fotografia de entrada es de la estación de Pedro Martínez, se la debo a Juan Rodríguez Titos.

  1. Rosa Alfaro García nacida el 4-7-1900, entrevista realizada en Torre-Romeu (Sabadell) el 11-3-85
  2. Antonia Valle Moreno, nacida en 1920, entrevistas realizadas en Torre-Romeu los días 03/14/85 y 05/29/86
  3. Carmen Hernández nacida en marzo de 1910, entrevista realizada en Torre-Romeu (Sabadell) el 17-7-84
  4. Joaquín Pardo nacido el 18-10-18, entrevista realizada en Torre-Romeu (Sabadell) el 11-3-85
  5. Juan Ramon Garcia Valle nacido el 18-7-17, entrevista realizada en Torre-Romeu (Sabadell) el 13-6-84
  6. Ángeles Gonzalez Peralta nacida el 24-6-18, entrevista realizada en Torre-Romeu (Sabadell) los días 13 y 24-6-84
  7. Manuela González nacida 13-4-12, entrevista realizada en Torre-Romeu (Sabadell) el 8-6-84
  8. Encarnación Roldán Martínez nacida en 1941, entrevista realizada en Torre-Romeu (Sabadell) el 23-6-18
  9. Manolo Fernández Vaca, nacido 11-2-32. Entrevista realizada el 23-6-84 en Torre-Romeu (Sabadell)
  10. Luisa Cazorla Delgado Nacido en 1921, entrevista realizada en torre-Romeu (Sabadell) el 17-7-84
  11. Manolo Alfaro Martínez nacido en 1920, entrevista realizada en el Tibidabo de Torre-Romeu (Sabadell) el 15-7-84
  12. Josefa Marco Roldán Martínez, nacida el 27/10/57, entrevista realizada en Torre-Romeu el 06/23/84
  13. Sebastián Martínez nacido en Hueneja el 8-1-16, entrevista realizada en Can Oriach (Sabadell) el 23-6-84
  14. María Jesús García nacida el 12-12-14, entrevistas realizadas en Can Oriach (Sabadell los días 23 y 24-6-84 y 31-8-86
  15. Ascensión Vaca Vaca nacida el 16-1-4, entrevista realizada en Torre-Romeu (Sabadell) el 21-6-84
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