5. La vida en la retaguardia

De Pedro Martínez a Sabadell: l’emigració una realitat no exclusivament econòmica. 1920-1976.
Angelina Puig i Valls

La vida en la retaguardia



La colectividad

«La verdad de la historia de la guerra no es sólo el relato de los hechos militares y de los gobiernos, sino la historia de las relaciones sociales. Hay que llegar a realizar la historia social de la guerra»
(M.C. García-Nieto, 1979)

En la retaguardia empezaba la urgente, compleja, interesante y difícil tarea de organizar la sociedad basada en principios más justos y en un nuevo orden. La primera tarea era organizar la producción. Había llegado la hora de convertir en realidad la vieja ‘idea’ de la tierra para quien la trabaja.

El Catastro del 31-XII-1930 daba a Pedro Martínez 13.275 hectáreas, con 13 fincas mayores de 250h que ocupaban 8.368 ha (solamente dos de estas con 3.707ha) y que constituían el 63,13% del total del término. La revolución comenzó una vez iniciada la guerra civil con la ocupación de las fincas.

La estructura social de Pedro Martínez estaba constituida por ricos propietarios que vivían en Granada o en Madrid, con familias de labradores que tenían tierras arrendadas a los anteriores y disponían de personas a sueldo, y por una inmensa mayoría de jornaleros, mujeres y hombres que sólo podían trabajar en el campo cuando había trabajo y si no eran mal vistos por los empleadores. Esta realidad posibilitó que, a la hora de transformar la propiedad privada de las fincas y los modelos de trabajo en el campo, el proceso no tuviera los problemas que hubo en ciertas zonas de Aragón y Valencia, donde pequeños propietarios presentaron serias resistencias a la colectivización de sus tierras.
Luis Garrido nos cuenta que en Andalucía coexistieron dos clases de propiedad: la propiedad familiar y la colectiva. Se tomaron las fincas a los antiguos señores o simplemente se apropiaron de ellas al ser abandonadas por los propietarios que buscaron cobijo fuera del pueblo. Y los latifundios arrendados se repartieron en parcelas entre los anteriores arrendatarios. De esta manera se evitó posiblemente una postura contraria a las nuevas formas económico-sociales por parte de los labradores. Las familias que tenían alguna pequeña parcela la siguieron explotando.

La memoria de la gente hace patente la coexistencia de estas dos formas de propiedad, y por tanto de producción. Y, parece que no se produjo la polémica entre colectivistas e individualistas, aunque en 1937, algunas de las fincas cambiaron la forma colectiva por un reparto en lotes entre los que la trabajaban.

Joaquín 1 afirma que «todas las fincas que había en el término del pueblo se colectivizaron, todas. Y los señores en la cárcel, los que había allí, en la cárcel, y los que no, es que se pasaron a Granada. El que se pudo pasarse a Granada, se pasó ¡claro!».

Manuela 2 nos hablará más adelante de la colectividad de Olivares, y Antonia [ 3. Antonia Valle, nacida en 1920, entrevista realizada los días 14-3-85 y 29-5-86 en Torre-romeu (Sabadell)] recuerda que se colectivizaron el cortijo de Cobos y el de Manuel Valle. También que “la Caldera eran parcelas, eran parcelas que las repartieron cuando aquello se repartió. Bueno estaban también Los Romeros, pero Los Romeros, aquel hombre se fue y luego ya quedó en parcelas de los mismos Calderetos que les decían, de los mismos que había allí…»

En suma, las fincas trabajadas por jornaleros antes del 18 de julio formaron el colectivo dirigido por el Comité. Las que como la Caldera o la de los Romeros antes de estallar la guerra estaban administradas y trabajadas por parceros, no se colectivizaron, sino que se repartió la tierra entre todas las familias de los antiguos arrendatarios, convirtiéndose en explotaciones individuales-familiares. La diferencia consistía no sólo en el hecho de que estas se deshacían de la presencia del encargado, del propietario y del pago del arrendamiento, sino también que, si antes a menudo contrataban mano de obra jornalera (jornaleros para las labores del campo y del ganado, y trabajadoras domésticas) ahora, al menos teóricamente, no podían tener personas asalariadas y tenían que subsistir con el propio y único trabajo.

Sabemos que las dos formas de explotación se complementaron, pero no si persistieran y cómo se modificaron durante los tres años de guerra. Disponemos del testimonio de personas que en ese momento eran muy jóvenes. Y sus recuerdos no nos proporcionan explicaciones claras de las formas de organización. La colectividad, dicen, estaba dirigida por el Comité y sólo hablan de un Comité, no diferencian los hombres que tenían el poder económico de los que tenían el poder político. Probablemente el colectivo abarcaba todo el pueblo y, consecuentemente, los dirigentes eran los mismos. De hecho, sabemos que funcionaba un Consejo y el Ayuntamiento.

 

 

A nivel general la situación tomó un cariz legal en septiembre de 1936 cuando el comunista Uribe, Ministro de Agricultura, promulgó un decreto que legalizaba las ocupaciones de tierras y daba la propiedad al campesino que la trabajara. Otro decreto, el 8 de julio de 1937, reguló las funciones y competencias de los consejos de administración de las colectividades.

En una estadística elaborada probablemente en 1938 en la provincia de Granada figuran 33 colectividades de organización mixtas UGT-CNT, de una extensión total de 45.000 hectáreas y 20.000 familias.

El Comité de Pedro Martínez, como en la mayor parte de Andalucía Oriental, lo llevaban mayoritariamente los socialistas de la FETT, sección agraria de la UGT. Con los dirigentes socialistas del Comité, colaboraban, o al menos participaban, jóvenes de las Juventudes Socialistas y algún comunista. Los militantes de la CNT eran minoría en el pueblo, sin embargo, la mayoría de los trabajadores debían, al margen de su militancia, formar parte del colectivo, puesto que el mismo Número, el entonces ya viejo militante anarquista, también, formaba parte.

«El Comité -nos explica Joaquín- lo formaban ¡pues los cabecillas que había en el pueblo! Pues eran ¿cómo te diré yo? Pues de la Unión General de Trabajadores ¡De lo que había! Yo, claro entonces de política no entendía. Cuando eres joven no te interesa. Ahora que se habla más de política, entonces se hablaba menos de política. Aunque yo pertenecía a las Juventudes Socialistas, que el presidente era Antonio Alfaro.”

«En el pueblo -cuenta Ángeles- 3 eran socialistas, pero entonces no estaba la gente, como ahora, tan espabilá con los partidos, y de la CNT. Pero el abuelo ¡aquel sí que era un comunista! (de hecho, era de la CNT). De aquellos comunistas había muy pocos, de los que defendían los derechos y hablaba si veía las cosas mal hechas…”

En Andalucía, en general, sólo se colectivizó una parte de la actividad económica agrícola, industrial y de los servicios. Fue un proceso en el que algunos trabajadores de estos sectores se hicieron cargo de la administración y la explotación de una parte de los medios de producción.
No obstante, en algunas localidades se realizaron colectivizaciones más radicales o integrales llevadas generalmente por anarquistas. Este fue el caso de Iznalloz y Castro del Río donde durante algunos meses de 1936 se implantó el comunismo libertario. El control fue absoluto por parte de los obreros, de tal manera que no sólo se administraba y se trabajaba colectivamente, sino que se convirtieron de hecho en plenos propietarios, y, en consecuencia, controlaron todas las fases de la producción, venta y distribución, apropiándose de los beneficios resultantes y dándose una verdadera socialización de los medios de producción en su poder. Sin embargo, en la mayoría de los casos la colectivización fue más superficial y lo que pasó es que los trabajadores controlaron la producción y pusieron en práctica la administración o autogestión, pero sin afectar el resto de las fases de venta, consumo o distribución de la misma, salvando normalmente el propio auto abastecimiento de lo que se producía.

Estas colectividades son las que se llevaron a cabo en las provincias republicanas andaluzas, independientemente de que fueran socialistas, anarquistas o mixtas. Aceptaban la intervención de los organismos políticos, tales como el Ministerio de Agricultura, el Instituto de la Reforma Agraria, comités del Frente Popular, o cualquier otra vía del poder legal constituido. Así que más bien se trataba de la nacionalización de una parte de los medios de producción. Un proceso de carácter eminentemente económico más que social o político, sumamente complejo con una casuística muy heterogénea.

Antonio Rosado explica que desde junio de 1937, cuando quedó oficialmente constituida la Federación Regional de Campesinos de Andalucía y él fue nombrado secretario general, debía enseñar a los campesinos como organizarse y qué debían hacer: «solicitar del alcalde que éste gestione del Gobierno civil que os sean entregadas esas tierras abandonadas, con las que, unidas a las pequeñas propiedades que entregan vuestros asociados, forméis el grupo económico del sindicato llamado colectividad, poniendo al frente un contable administrativo competente, lo que, unido a varios compañeros más de vuestra confianza, se constituyan en consejo administrativo, y lo demás dependerá de la buena fe y voluntad de todos vosotros; de vuestra capacidad de trabajo, de vuestro espíritu solidario y de sacrificio en favor de la comunidad «.
Es posible que las colectividades socialistas funcionaran de forma no muy diferente de las anarquistas que propugnaba Rosado.

Aunque la CNT de Granada en diciembre de 1936 decía que en esta provincia aún estaba todo por hacer, de los recuerdos de Joaquín deberíamos deducir que el proceso colectivista en Pedro Martínez se produjo muy pronto.

«Al llegar la guerra, pues, nosotros nos tocó, estuvimos en el Cortijo de Sánchez. Estuvimos un año en colectividad. Y a otro año, nos tocó al Cortijo de Cobos. La colectividad era, pues un grupo. Nosotros estuvimos primero en un sitio que le llaman Los LLanos. Llevábamos cuatro fincas y éramos en el grupo de 18 a 28 personas. Pa cuidar a los animales y pa labrar la finca y pa too eso. Más los que había eventuales, que son los que se iban al pueblo y venían pa trabajar también. Pero estos no estaban tan fijos como nosotros. Me quiero decir que teníamos de cuidar de los animales y de la labranza de la finca. Lo que pasó fue lo siguiente: ¡Claro los que estábamos fijos, pues, cobramos todo el año! Los que estaban, los que iban al pueblo había días que venían malsá y no venían. Y había días que no eran malos y algunos tampoco tenían ganas de venir ¡Claro cuando terminamos, pues claro, se arrecogió un año bueno! Se recogió bastante, pero ¡cómo iban comiendo del Comité! De allí sacaban la comida que hacía falta, todo lo que querían ¡Pero claro! Eso iba anotado. Por los jornales que tú habías hecho de trabajo y con la producción que saliera ¡claro! Yo… entonces porque estaba joven y yo no hacía caso de esto entonces, pero me calculo hoy que cuando fuimos a cobrar… Nosotros llevábamos dos cerdos casi cebaos. El trigo entonces estaba, esto fue cuando, el año 36, el mismo año 36, que era cuando el trigo estaba casi vermel ¡Qué no le hacía caso nadie! Y nosotros cebamos dos cerdos que nos llevamos. Luego teníamos apaños de que el pan, un hermano mío llevaba todos los días una carga de leña al pueblo y sacábamos el pan, pues too el que queríamos. Como nadie entonces nadie llevaba leña a los hornos, pues el que llevaba, te rifaban ¡claro! Si le daban a mi hermano ¡4 panes grandes, por una carga de leña! Pues claro nosotros, pues al Comité no pedíamos casi nada. Pero el que estuvo comiendo todo el año, y echó pocos jornales, cuando fue a cobrar ¡es qué debía! ¡No cobraba sino debía! ¿Lo entiendes?
¡Uf, no sé si alguien tragaría de aquello! Mi padre, nosotros salimos bien. Salimos bien de jornal ¡Claro! Cobramos el año de la producción que habíamos hecho. Pues líos no podía haber ninguno. Puesto que ¡claro! mi padre cuando fue a ajustar la cuenta, pues cobramos el año entero de dos ¡Éramos trabajando dos y no fallamos ni un día! Y pedir ni habíamos pedido na al Comité. Nosotros, lo que mi madre quería, pues lo compraba con lo que teníamos. Como teníamos animales. Nosotros teníamos unas cabrillas. Y mira nosotros nos íbamos costeando y no pedimos na. Ya nosotros nos llevamos dos carros, después del dinero que sacó mi padre. Sacó mi padre, yo no sé cuantos miles de pesetas ¿sabes? ¡Claro! ¡Cómo esto era lo que estaba en la cuenta! ¡Y de la producción sacaban el jornal! Aquello fue, yo lo encontré aquello divino, la verdad ¡Lo encontré bien! ¡Ara el que echó pocos jornales, pues vio, como cuando terminó! ¡Se creía que aquello era un bollo! Él comiendo y no haber de ir a trabajar”.

Luis Garrido ha escrito de los colectivos de producción y de las cooperativas de consumo de Andalucía creadas por la FETT de la UGT, unificadas en unes denominadas ‘cooperativas de base múltiple’ y reguladas por el Reglamento de Colectividades UGT-FETT. De Jaén, dice, «los jornales que se pagaban eran de 4 a 6 pts., pero en la mayoría de los casos se eliminó el dinero, pagándose en productos agrícolas proporcionalmente a las peonadas que había echado el cabeza de familia, y cuyas cantidades venían determinadas por el resultado de la cosecha concreta (…). La contabilidad se realiza con un fichero individual por cabeza de familia, registrándose las peonadas trabajadas y los anticipos recibidos”.

 

En Pedro Martínez el sistema de pago del salario es bastante similar al que recogía este reglamento; o sea, se basaba en el rendimiento laboral personal. El procedimiento de distribución de los bienes que según Joaquín iban anotando, recuerda el ‘carné de productor’ del que habla Bernecker, el cual «suponía un control sobre el trabajo realizado y acreditaba para obtener una cartilla de racionamiento, o vales que se podían cambiar por bienes de consumo en los comercios colectivizados del lugar”. O sea que, “las colectividades de la CNT y de la UGT no se diferenciaban de manera muy definida en lo tocante a su constitución, estructura y funcionamiento, pero en lo que más claramente parece que se distinguían era en los sistemas de remuneración puestos en práctica”. No obstante, como reconoce el propio autor más adelante, las colectividades anarquistas acabaron aceptando la primera formulación tras las poco satisfactorias experiencias de los primeros meses.

De los testimonios que tenemos deducimos que en Pedro Martínez coexistía lo que podríamos llamar un mercado libre. La combinación de estos sistemas hacía posible que, en el caso de familias como las de los Pardo, con una buena distribución de los recursos disponibles, trabajando fuerte, y con la posibilidad de disponer de otros alimentos y materiales fuera de los distribuidos por el Comité en el momento de pasar cuentas, quedaran satisfechas de lo cobrado.
Sin embargo, después de tantos años de opresión, cuando el poder de los ricos se ha disuelto y, aparentemente, han desaparecido todos los vínculos autoritarios, tal vez para algunas personas fuese difícil entender la nueva realidad y se confundiese la falta ‘de dueños’ con la desaparición de responsabilidades y deberes, con la consiguiente frustración posterior ante la realidad.

Sólo con el análisis de las fuentes orales no podemos responder a todas las preguntas que nos hacemos y nos quedan muchos interrogantes ante la experiencia revolucionaria de este pequeño y relativamente aislado pueblo de Granada. Nos interrogamos, por ejemplo, sobre quién integraba el colectivo. Si «era la condición de estar en la colectividad con todos» deberíamos convenir que todo el pueblo. Por lo tanto, ¿era la colectividad total? Podríamos responder que no porque coexistían otras formas de producción y de consumo, de ‘mercado libre’. Pero si consideramos la colectividad integral o total aquella en que coincidían la representación política y la dirección económica, podríamos reconocer que en Pedro Martínez se produjo una colectividad integral. Porque sabemos que los mismos hombres que ganaron las elecciones de febrero de 1936 se hicieron cargo del Comité después de los hechos de julio, y aún más tarde al deshacerse los comités formaron parte del nuevo Consejo Municipal.
El poder en el pueblo lo ostentaron los mismos hombres: en el Ayuntamiento, en el grupo dirigente colectivo, en el Comité y en el Consejo municipal. De todos modos, no sabemos cómo se relacionaban cada uno de estos organismos y tampoco qué relación mantenían con los partidos y con el sindicato.

 

 

Sería muy interesante conocer la relación con el sindicato del que parece que emanaban las directrices políticas, con los que ostentaban el poder municipal, así como los cambios que se fueron produciendo en la correlación de fuerzas políticas dentro del sindicato. Se puede suponer que a medida que pasaba el tiempo el Partido Comunista adquirió más influencia, lo que explicaría que en el último periodo de la guerra el Secretario General de la UGT fuera el presidente del PC. Sería interesante saber si este hecho influyó de alguna manera en la disolución del colectivo de la finca de Olivares y la de los Romero. Nos falta igualmente conocer la relación que mantenían estos dirigentes con las personas que no formaban el colectivo, es decir, aquellas que habían optado por la explotación individual o familiar de las tierras.
Otra cuestión por averiguar son las conexiones, si existieron, con otros pueblos y con otras colectividades. ¿Existía una coordinación con otros grupos? ¿Existí una federación comarcal o provincial? De momento debemos dejar estos interrogantes y ceñirnos a lo que nos proporcionan las fuentes orales: la valiosa y exclusiva información sobre las diversas visiones y las percepciones de las personas que vivieron los hechos y protagonizaron la historia.

Hemos dicho que la estructura socioeconómica de Pedro Martínez predisponía a la mayoría de su población a favor de la propiedad colectiva. Pero ¿cómo se evalúa una vez iniciada la experiencia? ¿Como se veía al cabo de los meses? ¿Cuál es la percepción actual?
Ascensión de casa los Valero 4 que entonces tenía una treintena de años, y que terminada la guerra pasó muchas calamidades por ser de izquierdas, opina que durante la contienda en el pueblo se vivió mejor que en otros períodos.

«Durante la guerra no fue tan mal, porqué había el colectivo y trabajaban. Se tenía tu trigo, había el economato, había comida…»

De manera más entusiasta se expresa Manuela la Chamorro 5 que en aquellos años empezaba a formar y a criar a su numerosa familia – tuvo seis hijos -.

«Durante la guerra, entones no podemos contar na malo. Estábamos muy a gusto en un cortijo que estábamos. Durante la guerra estábamos muy bien. Estábamos en colectividad en el cortijo que se dice Olivares y estábamos muy bien. Estaban mis niños. Allí nació mi Cayetano. Mi Pepe nació en el 36. Yo no sé lo que es la guerra. Y mi Cayetano nació en la guerra, en el 38 me parece que nació. Nosotros en la guerra estábamos muy bien ¡Digo! Olivares estaba en colectividad. Lo primero fue en colectividad, luego ya fue individual. Pero fue cuando ya, ya se acabó la colectividad. La colectividad duró un año. Un año me parece, ya después individual. Pero yo estuve en colectividad. Allí había un encargao (…) todos estaban allí y él que tenía mulos, mulos y él que no, no. Mi marido estaba de hortelano regando. Era el regador de la huerta de Olivares, de la finca aquella de riego. La regaba él. Teníamos una choza pa estar allí de día. De noche íbamos al cortijo a dormir. Mi marido eso era lo que hacía. Estábamos bien. Estábamos muy a gusto. Todo lo que he pasao ha sido después de estar ellos… antes no. Mi marido trabajaba y too el mundo lo miraba y yo trabajaba también y criábamos nuestros hijos. Los tres hijos que teníamos estaban bien chicos ¡Pero ganábamos pa comer! Y luego después ¡vaya por Dios!».

El marido de Rosa, la de Vílchez, 6, fue el alcalde durante una temporada y formaba parte del grupo de dirigentes socialistas, no siempre bien vistos por todo el pueblo. Sin embargo, acabó la vida en una cárcel franquista. Por ello, y porque todos los hermanos de Rosa estaban en el frente, ella no guarda buen recuerdo de aquellos días.” ¿Qué me acuerdo yo de la guerra? ¡Pues mucho bueno! – y la mujer ríe amargamente- ¡Qué con toos mis hermanos por allí! ¡Qué voy a contar! Que si mi hermano, que mi marido …Mi marido se murió en Graná. Él que se vino desde Guadix fue un hermano mío. Mi marido fue alcalde del pueblo. Para mí ¿qué iba a representar? ¡Sí allí el alcalde era, cómo ahora estamos aquí! Más que no era un alcalde como los que hay ahora, que tienen tanto dinero ¡Qué había uno se puso malo y lo pusieron a él! ¡Una temporá sólo! Pa muy poco tiempo, pero…”

Ángeles y Juan Ramón 7 en cambio hacen graves recriminaciones contra los dirigentes de Pedro Martínez. Acusaciones que se producen en todo el periodo en otros lugares de la retaguardia y que se resumen en la sospecha de que muchos de los hombres que no fueron a la guerra no eran tan imprescindibles en la retaguardia y lo hubieran podido ser en el frente. En el diálogo de la pareja se percibe la decepción que produjeron algunos hechos. “Que éramos unos sinvergüenzas, éramos unos sinvergüenzas todos, porque unos se mataban en el frente allí tirando tiros, que muchos se murieron del pueblo y otros se dedicaron a hacer dinero ¡Robaron mucho!¡Y eran comunistas! ¡Socialistas!”

No todo el mundo lucha con el espíritu de sacrificio limpio de intenciones particulares, de eso se queja, con tristeza, Ángeles. La pareja sigue recordando, con la memoria de viejos que ya han visto muchas cosas y han sufrido tanto. Explican que su padre el Número, por ser de la CNT, y un buen hombre, al querer romper con estos hechos, que tanto daño hacían a las izquierdas, se enfrentó con los socialistas del pueblo.

La conversación 8 mantenida entre un matrimonio que continúa viviendo en Pedro Martínez y el de la hermana del Numero y su marido, que pasaban las vacaciones, aun es más dura. “Porqué se fueron a los cortijos allí de mandaderos, subidos a los caballos ¡y too cómo los ricos! ¡Con sus escopetillas colgadas viendo trabajar a los obreros! ¡Ay! ¿Estos si eran socialistas? ¡Esos no eran socialistas! ¡Estos eran socialistas por sus beneficios! ¡Pero no por ideas! ¿Por qué no se fueron a tirar al frente?”.

Antonia, comprometida políticamente, tiene una versión diferente. Justifica y afirma que los robos en los cortijos no fueron obra de la gente de izquierda. «…es que allí había ¡gente también de derechas! Que había estao allí con los señoritos ¡Los mismos! ¡Qué ellos mismos robaron y saquearon aquellos cortijos! ¡Porqué luego cuando vinieron ellos! ¿Sabes? ¡Pues tuvieron que devolver muchas cosas de las que ellos habían… ¡y los jamones y todo, que aquello fue! ¡Así que los mismos de derechas, los mismos fascistas saquearon los cortijos de los dueños que ellos habían estao trabajando!».

Resumiendo, distinguimos cuatro maneras diferentes de juzgar aquella experiencia:

1) La de aquella gente para quien trabajar en colectividad les supuso comer y vivir como personas, a menudo por primera vez en su vida; consecuentemente su recuerdo es bueno y la valoración que hacen es positiva.

2) La de las persones que, a pesar de relacionarse con los dirigentes del momento y valorar positivamente las tareas del Comité, no gozaron de la experiencia por la angustia y los sufrimientos de la guerra, y que hoy mantienen una postura de escepticismo ante la historia vivida.

3) La gente que a pesar de moverse en la órbita de izquierdas o justamente por ello, valoran negativamente y críticamente el trabajo del Comité y señalan solamente el comportamiento de sus dirigentes, sin analizar las posibles ventajas o consecuencias de la nueva forma de trabajar.

4) Y, por último, se puede conocer la postura de los comprometidos políticamente que valoran positivamente y con nostalgia aquellos días revolucionarios, intentando encontrar una explicación a los hechos poco honrosos.
  
La evaluación económica de la nueva forma de organizar la producción y la vida en la retaguardia mientras seguía la guerra en el frente y en algunas ciudades es difícil de realizar, y no es posible presentar unas conclusiones a partir de la memoria de la gente. No sabemos, desde un punto de vista económico, si el colectivo de Pedro Martínez fue un éxito o un fracaso. Sin embargo, el hecho de que gente que antes había pasado hambre y que mientras duró esta experiencia no pasó, y que terminada la guerra volvió a pasar, constituye sin lugar a duda un éxito de aquel momento.

  1. Joaquín Pardo, nacido el 18-10-18, entrevista realizada el 11-3-85 en Torre-romeu (Sabadell)
  2. Manuela González, nacida el 13-4-12, entrevista realizada el 8-6-84 en Torre-Romeu (Sabadell)
  3. Ángeles González Peralta, nacida el 24-6-18, entrevista realiza el 30-6-84 en Pedro Martínez
  4. Ascensión Vaca, nacida el 16-1-04, entrevista realizada el 21-6-84 en Torre-romeu (Sabadell)
  5. Manuela González, nacida el 13-4-12, entrevista realizada el 8-6-84 en Torre-romeu (Sabadell)
  6. Rosa Alfaro  García, nacida el 11-7-1900, entrevista realizada el 11-3-85 en Torre-romeu (Sabadell)
  7. Juan Ramón García, nacido el 18-7-17, entrevista realizada el 13-6-84 en Torre-Romeu (Sabadell)
  8. Conversación, grabada en Pedro Martínez el 26-8-84, entre el matrimonio Sebastián Martínez – Ma.Jesús García que viven en Sabadell y que algunos años van de vacaciones al pueblo, y la pareja de los Porras que nunca han marchado del pueblo
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