Compartir memòries para construir ciudadanía: un repte de país

El proyecto Compartir Memorias impulsado por el Ateneu Memòria Popular (AMP)[1] nace de preguntas sencillas, pero, a la vez, profundamente políticas: ¿puede existir una memoria democrática en Catalunya que no incorpore las experiencias de las migraciones que han configurado la sociedad actual? ¿Comparten las personas llegadas en las últimas décadas la Memoria democrática del país? ¿Puede construirse un país sin una memoria colectiva inclusiva, reconocida por una mayoría social?

La investigación realizada por AMP, basada principalmente en fuentes orales, con entrevistas a personas vinculadas a los procesos migratorios —ya sea desde la experiencia directa o desde el ámbito profesional—, pretende abrir un campo de reflexión todavía poco explorado dentro del memorialismo. Un ámbito que, en Catalunya, como en otros contextos europeos, ha estado tradicionalmente centrado en los pasados traumáticos del siglo XX. Aquí, la guerra civil, la dictadura franquista, la represión y los primeros años de la transición, y que sólo recientemente comienza a interrogarse sobre las memorias del presente.

Los testimonios recogidos muestran que no hay abismos insalvables entre personas migrantes y autóctonas, pero sí carencias estructurales: falta de estrategias públicas y de recursos, así como desigualdades persistentes, especialmente vinculadas a la falta de derecho de ciudadanía, el acceso a la vivienda, al trabajo digno y los efectos del racismo estructural.

A la vez, las entrevistas ponen de manifiesto la importancia clave de las redes comunitarias —asociaciones de vecindad, escuela, compartir experiencia sobre la maternidad, fiestas populares— como factores determinantes para sentir que se forma parte de la sociedad y generar vivencias y memorias compartidas.

Así, la primera conclusión emerge con claridad: no hay memoria compartida sin vivencias compartidas. Y es en los barrios donde se pueden compartir vivencias. Donde se cruzan trayectorias, donde se construyen —o se bloquean— relaciones, y donde pueden generarse condiciones para una memoria en común. Pero la investigación confirma también que la convivencia, por sí sola, es insuficiente, no garantiza el encuentro, y la proximidad no asegura el reconocimiento mutuo. Vivir en el mismo espacio no implica necesariamente compartir relatos ni experiencias. Se requieren políticas públicas y prácticas sociales orientadas a fomentar el conocimiento recíproco y la interacción significativa entre colectivos diversos.

En este punto, resulta especialmente sugerente el diálogo con los trabajos recientes del politólogo Ricard Zapata, quien ha señalado la dificultad de construir una memoria de las migraciones en Catalunya debido, en gran medida, al desconocimiento de su continuidad histórica. Las migraciones no son una anomalía ni un fenómeno reciente, sino un rasgo estructural de la sociedad catalana contemporánea. Sin embargo, esta continuidad no se traduce en una narrativa compartida.

Una de las causas principales de esta carencia es la desconexión entre las distintas generaciones migratorias. Las experiencias de quienes llegaron en las décadas de 1950, 1960 o 1970 no dialogan fácilmente con las de quienes han llegado en el siglo XXI. Esta fractura cultural dificulta la construcción de una memoria colectiva que reconozca las migraciones como parte constitutiva de la historia del país.

Asumir este diagnóstico implica ampliar el foco. No se trata únicamente de generar vínculos entre distintas generaciones de personas migradas, sino de incorporar al conjunto de la sociedad —incluidas las personas nacidas en Catalunya— en un proceso de construcción de memoria democrática inclusiva. Una memoria que no excluya, que no jerarquice experiencias y que sea capaz de generar identificación en una mayoría social diversa.

Este reto se vuelve especialmente urgente en el contexto actual, marcado por la emergencia de discursos de la mano de la extrema derecha que cuestionan la legitimidad y bondad de las migraciones y construyen relatos excluyentes sobre la identidad colectiva. Frente a esta realidad, la construcción de memorias compartidas se convierte en una tarea democrática de primer orden.

La investigación ha permitido identificar también diferencias significativas entre las migraciones internas del siglo XX y las migraciones internacionales más recientes. Las primeras se produjeron en un contexto de dictadura, lo que favoreció, con el tiempo, su vinculación a las luchas sociales y políticas contra el franquismo. Estas experiencias han sido ampliamente documentadas y forman parte del relato democrático del país.

En cambio, las migraciones del siglo XXI se desarrollan en contextos democráticos, con marcos institucionales que, aunque imperfectos, ofrecen canales de reivindicación más fragmentados y sectoriales. Sin embargo, esto no significa ausencia de conflicto ni de movilización. Las luchas por la regularización, por el acceso a derechos básicos, el trabajo digno o la vivienda, constituyen hoy espacios centrales de politización.

Una de las hipótesis que se desprenden del proyecto es que en estos espacios de lucha pueden estar gestándose nuevas formas de vivencias compartidas entre personas migradas y autóctonas. Y, por tanto, nuevas memorias en construcción. Pero esta es una cuestión que requiere ser investigada en profundidad. En particular, destacan dos ámbitos de especial relevancia. Por un lado, las movilizaciones en torno a los derechos de ciudadanía y contra las políticas de extranjería, por ejemplo, el encierro en la iglesia del Pi en Barcelona, que han dado lugar a episodios significativos de acción colectiva. Por otro lado, las luchas por el derecho a la vivienda y para impedir los desahucios han adquirido una gran visibilidad y han articulado alianzas diversas. Ambos campos ofrecen un terreno fértil para analizar hasta qué punto se producen confluencias reales entre distintos sectores sociales, y qué tipo de memorias pueden emerger de estas experiencias. Explorar estas dinámicas constituye una de las principales líneas de continuidad del proyecto.

Más allá de la investigación, el AMP y el mismo proyecto reivindican una dimensión activista del trabajo memorial. Compartir memorias no es solo una tarea académica o cultural, sino una práctica social que requiere espacios, mediaciones y voluntad política. En este sentido, se proponen diversas líneas de actuación. En primer lugar, fortalecer las redes de colaboración con entidades sociales y vecinales, entendiendo los barrios como espacios clave para el desarrollo del proyecto. En segundo lugar, ampliar el trabajo de fuentes orales, incorporando especialmente a personas comunes (las entrevistas realizadas hasta ahora han sido mayoritariamente a líderes de comunidades o de asociaciones), cuya experiencia resulta fundamental para comprender las transformaciones actuales. Asimismo, se plantea la necesidad de desarrollar y conocer los proyectos educativos que involucran a la comunidad escolar en la recuperación de las memorias de los barrios, generando procesos intergeneracionales de conocimiento y reconocimiento. Y, finalmente, se subraya la importancia de establecer alianzas con instituciones públicas y con el ámbito académico para dar continuidad y profundidad a las líneas de investigación abiertas.

En última instancia, el proyecto Compartir Memorias apunta a una cuestión de fondo: la construcción de una ciudadanía democrática en sociedades marcadas por la diversidad. En este proceso, la memoria no es un elemento accesorio, sino un componente central. Porque no hay comunidad política sin relatos compartidos, y no hay relatos compartidos sin reconocimiento mutuo.

Compartir memorias, en este sentido, no es solo recordar juntos el pasado, sino afrontar el reto de construir y consolidar condiciones para una sociedad cohesionada socialmente, plenamente democrática, justa e igualitaria, en la que las personas que la habiten sean portadoras de los deberes y derechos de ciudadanía.

[Angelina Puig i Valls es historiadora y coordina el Proyecto Compartir Memòries del Ateneu Memòria Popular]

El Ateneu Memòria Popular es una entidad de entidades de Memoria. Son estas:

Amical Brigades Internacionals de Catalunya,
Amical Mauthausen i altres camps
Amics de Ravensbrück
Androna Cultura
Associació Catalana de persones Expresses Polítiques del Franquisme
Associació Catalana d’Investigacions Marxistes
Associació Catalana de Juristes Demòcrates
Associació Conèixer Història
Associació Memòria Històrica i Democràtica del Baix Llobregat

Associació de Memòria Socialista

Consortium For advanced Studies Abrond (CASA)

Escola Angel Baixeras
Eurom – Observatori Europeu de memòries. Fundació Solidaritat UB
Fundació Cipriano García de CCOO de Catalunya
Fundació Neus Català.
Fundació Museu Historicosocial de la Maquinista i MACOSA
Irídia Centre per la Defensa dels Drets Humans
La Teranyina (La voz ahogada), companyia teatral
Memorial Democràtic Treballadors SEAT ↑

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